Corrían los convulsos años treinta del siglo pasado cuando el físico Albert
Einstein dejó constancia de su peculiar visión de la crisis. Constató que de las
situaciones adversas "nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes
estrategias" que ayudan al ser humano a no verse "superado" por los problemas.
Jesús Sánchez, que regenta la Carnicería Fina de Santiago, se aplicó el cuento
hace seis años y puso las meninges a trabajar. Con mucha "imaginación", logró
capear uno de los principales gajes del oficio de matarife: el de los impagos.
Y es que en 2002, unos siete clientes le debían más de 3.000 euros por carne
que se habían llevado sin pagar. "Pasaban de largo por diante da porta ou pola
outra acera e non se acordaban de vir traer os cartos", recuerda el empresario,
que reconoce que el hecho de que todos fuesen vecinos del barrio no les infundió
ni el más mínimo atisbo de "vergoña".
Harto de tener que abordar a sus deudores en la calle -cual voz de la
conciencia-, la necesidad de pagar a proveedores e impuestos le llevaron a echar
mano de una solución radical: publicar su propia lista de morosos.
La noticia sentó como un jarro de agua fría a más de uno tras ver el aviso
que Sánchez colgó en su escaparate, anunciando la "próxima publicación" del
embarazoso listado. Así fue como alguno se sintió “apurado” y decidió saldar su
deuda antes de que su nombre saltase a la palestra. “Só quedaron tres persoas
sen pagar, os outros fixérono todos”, confiesa Jesús, al tiempo que asegura que
la idea que surgió de la necesidad, sirvió de referente para un comerciante de A
Estrada e incluso para algún concello.
Según el carnicero, entre sus deudores “había de todo, e non é que tivesen
necesidade, senón que o que lles sobraba era cara dura”.
El carnicero, que prefirió recurrir a este recurso en lugar de contratar los
servicios de un cobrador del frac, recuerda las caras largas de sus morosos tras
anunciar que haría públicas sus identidades. “Aínda debéndome os cartos un
matrimonio chegou a mirarme coma se vise un 'porco', cando me crucei con eles
nun restaurante. Case me amargan o xantar”, declara Sánchez.
Con escasa confianza en recuperar los cerca de 2.000 euros que le siguen
debiendo tres vecinos que “pasan por diante da tenda” sin inmutarse al ver su
nombre en el escaparate, el compostelano ha decidido afrontar la actual crisis
económica curándose en salud. “No meu establecemento agora xa non se fía nada”,
por lo que ya nadie se lleva el pollo o el resto de viandas al plato sin antes
pagar religiosamente. El bocado podrá así sentar peor a muchos, pero el matarife
se ahorrará más de un quebradero de cabeza. Y es que Einstein dio en el clavo
cuando dijo que “en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más
importante que el conocimiento”.