El presidente de la patronal gallega, Antonio Fontenla, está desaparecido. Vamos, que ni está ni se le espera. Sus colegas alucinan con su silencio y piden que ejerza o se vaya para casa. Don Antonio lleva tiempo pasando olímpicamente. Algunos se preguntan si es que debe algún favor al Gobierno. Acaso le ocurra como a los sindicatos, tan atareados en comer del pesebre que ni se enteran de la crisis ni de los tres millones y pico de parados. ¡Qué vergüenza!