El nuevo ministro de Justicia, Francisco Caamaño, era reconocido como furibundo antiautonomista. Discípulo del catedrático Blanco Valdés no veía con buenos ojos la España de las Autonomías. Pero parece que su ruptura con don Roberto y su marcha a Valencia obraron el milagro. Lo cierto es que recibió de Moncloa el encargo de negociar la reforma del estatuto catalán y en ello estaba, muy apoyado, eso sí, por la vice De la Vega, su mentora y ,dicen, responsable de su subida a los altares del consejo de ministros.