A don Emilio le pueden quedar dos telediarios. Es más, hoy mismo podría presentar su dimisión forzado por el fracaso electoral en su propio feudo de Pontevedra. Blanco no le perdona ni el retraso en la convocatoria electoral ni la marginación de gentes como Ricardo Varela que eran activos que Touriño desactivó. El aún presidente en funciones de la Xunta se creyó imbatible al contar con todo el poder de las distintas administraciones y buena parte de los medios de comunicación, y se equivocó sobremanera. La soberbia es mala consejera. Y los errores se acaban pagando.