Un economista de 41 años, Gordon Bajnai, fue designado nuevo jefe del
Gobierno húngaro tras una moción de censura contra el primer ministro Ferenc
Gyurcsány, en una estrategia con la que el gobernante partido socialista busca
una salida a la crisis económica y a su propia impopularidad.
Hungría, que
enfrenta una grave situación económica, añadió en marzo a sus problemas una
crisis política cuando Gyurcsány anunció su intención de dimitir ante el
desprestigio de su figura, gabinete y partido. Su sustitución por el
independiente Bajnai, hasta ahora ministro de Economía, surgió como una solución
de consenso entre los gobernantes socialistas y la oposición liberal para dar un
plazo al nuevo Gabinete -hasta las elecciones de 2010- para intentar rescatar la
economía del país.
Bajnai ha propuesto un gabinete que incorpora a
tecnócratas independientes en áreas como Economía y Finanzas, y cuyo principal
reto será solucionar problemas como la debilidad de la moneda nacional y
afrontar una deuda externa que supera el 70 por ciento del PIB. El camino no
será fácil y así lo advirtió antes de ser nombrado, al afirmar que él no busca
la popularidad. Las reformas económicas -dijo- serán dolorosas y "necesitará
sacrificios de todos los ciudadanos y todas las familias".
Pero el respaldo
de su partido a unas medidas de choque que recorten gastos sociales será
difícil, sobre todo a medida que se acerquen las elecciones y cuando los
socialistas temen un fracaso en las urnas, advierten algunos analistas.
Según
los sondeos, el partido en el gobierno recibiría ahora poco más del 10 por
ciento de los votos, frente a más del 60 por ciento que obtendría Fidesz, la
oposición conservadora. Los liberales, ni alcanzarían el 5 por ciento requerido
para tener presencia parlamentaria. Por eso, la dimisión de Gyurcsány y su
sustitución por un hombre de su total confianza e incluso amigo personal es
interpretada por los analistas como una estrategia de los socialistas para darse
un respiro antes de las elecciones al tiempo que dan una imagen de
renovación.
Pero Fidesz ya ha tachado de "ilegítima" la maniobra socialista
para crear un Gobierno interino y exige la convocatoria de elecciones
anticipadas. Precisamente bajo esa reivindicación se concentraron hoy unas 5.000
personas frente al Parlamento. La protesta, en la que participaron grupos
cercanos a la oposición conservadora, derivó en enfrentamientos de radicales de
la organización filo fascista "Guardia Húngara" con la Policía en los que
resultaron heridos varios agentes.
La popularidad de los socialistas comenzó
a caer cuando, en septiembre de 2006, salió a la luz una grabación en la que
Gyurcsány reconocía haber mentido sobre la situación económica del país para
lograr mejores resultados electorales.
Ese momento de sinceridad desencadenó
una ola de protestas contra el Gobierno que se saldaron con más de 200 heridos,
en lo que se consideran los altercados más graves desde la caída de la dictadura
comunista en 1989.
Gyurcsány, que había llegado a la vida política como un
exitoso hombre de negocios, tuvo que enfrentar desde entonces un fuerte rechazo
social y el continuo desprecio de la oposición conservadora, cuyos diputados
abandonaban la sala cuando el jefe de Gobierno tomaba la palabra en el
Parlamento.
El primer ministro saliente abandona también la Presidencia del
Partido socialista, aunque mantendrá su acta de diputado. Bajnai forma parte
del Gobierno desde 2006, cuando fue nombrado director de la Oficina Nacional de
Fomento, donde supervisaba la utilización de los fondos europeos. Desde julio
de 2007 fue ministro de Fomento, y en mayo de 2008 asumió la cartera de
Economía.