El Panathinaikos Atenas se coronó de nuevo, por quinta vez en su historia,
campeón de la Euroliga al derrotar por 73-71 al CSKA Moscú, en un partido que
tuvo un final dramático, después de que los griegos hubieran dominado claramente
el partido en los primeros dos cuartos. Si el CSKA hubiera ganado -lo que
hubiera sido posible pues en el último instante Ramunas Siskauskas falló desde
detrás de la línea de los tres puntos- la historia del partido sería la historia
de una remontada.
Con el triunfo griego, lo que hay que contar es la historia
de los dos primeros cuartos, cuando acumuló una renta que al final le alcanzó
para ganar el compromiso, y la de la resistencia final, cuando los rusos
amenazaban con pasar por encima.
El Panathinaikos logró su estilo en el
primer cuarto e hizo que el partido se caracterizara por una defensa agresiva y
pegajosa, que obligaba al contrario a lanzar desde posiciones incómodas.
El
CSKA trató de escapar a la situación haciendo circular la pelota, llevado de la
mano de Holden, pero a medida que pasaron los minutos los errores y las pérdidas
de balón se fueron acumulando y el Panathinaikos supo sacar provecho de
ello. Los griegos terminaron ganando por 21-16 el primer cuarto y al final
del segundo habían incluso aumentado su ventaja a 48-28 y la cosa empezaba a
tener dimensiones de paliza.
El CSKA parecía absolutamente maniatado por su
rival griega y, pese a los esfuerzos de Holden por abrir espacios y obligar a
que la defensa en zona del Panathinaikos se abriera, las armas habituales del
equipo parecían haber sido desactivadas.
Así, por ejemplo, al término del
segundo cuarto, Ramunas Siskauskas, que había sido una garantía de efectividad
ante el Barcelona, apenas había aparecido en el partido. Sólo había marcado dos
puntos y el promedio de efectividad en sus lanzamientos era lamentable.
Por
otra parte, a medida que las cosas le iban saliendo bien, el Panathinaikos,
apoyado por un público que se hizo oír en la O2 Arena de Berlín, fue ganando
confianza en sí mismo y parecía desempeñar su papel cada vez mejor
Sin
embargo, cuando los equipos volvieron a la pista, tras el descanso, se notó la
mano sabia y experimentada del entrenador del CSKA, Ettore Messina.
El CSKA
logró quitarle revoluciones a un partido al que el conjunto ateniense le había
impuesto un ritmo frenético y empezó a descontar distancias sin prisa pero si
pausa. Al final del tercer cuarto, la ventaja de los griegos ya sólo era de diez
puntos (56-46). Para ello, fueron claves dos triples de Trajas Langdooin en un
momento clave.
En esas circunstancias, era de esperar que hubiera dramatismo
en el último cuarto y lo hubo. El CSKA siguió en plan de remontada y el
Panatinaikos resistía. Faltando 40 segundos la diferencia se había reducido a
cuatro puntos y los rusos tenían dos lanzamientos libres. Los fallaron.
Pero
luego vino un triple de Siskauskas que puso el marcador 70-69. Una falta del
CSKA y dos lanzamientos libres convertidos por Diamantidis hicieron que el
partido, a falta de 10 segundos, estuviera con tres puntos de ventaja para los
griegos y el balón en poder ruso.
Le hicieron falta a Siskauskas y el lituano
convirtió sus dos puntos.
Faltaban 8,5 segundos y la diferencia era de un punto.
Jasikevicius aumentó la diferencia a dos, al anotar uno de sus dos tiros libres
y fallar el otro dejando, la pelota en poder del CSKA a falta de 5,8
segundos.
Siskauskas estuvo, en el último instante, en posición de lanzar
para lograr tres puntos mágicos. El bocinazo final se oyó cuando su lanzamiento
rebotó contra el aro haciendo que el título europeo volviera a estar en manos
del Panathinaikos.