Un plantón de la mayoría de los grandes pesos políticos de la Unión Europea (UE) ha marcado la salida de Mirek Topolanek como presidente del Consejo Europeo al abandonar el puesto de primer ministro checo.
En la reunión que supuso la puesta de largo de la "Asociación Oriental" con seis países del Este de Europa y el Cáucaso, los principales líderes europeos no acudieron a la cumbre con la excepción de la canciller federal de Alemania, Angela Merkel.
Aunque el presidente francés, Nicolás Sarkozy, nunca ha ocultado su mala relación con Topolanek, los medios checos han especulado que su ausencia fue la venganza con la que el mandatario francés devolvió que el político checo no acudiese al lanzamiento de la Unión Por el Mediterráneo impulsada por París. En la cumbre de hoy sobre el gas resultan incluso más evidentes las ausencias, con muchos países representados sólo por su embajador bilateral en Praga.
Las numerosas ausencias resultan aún más significativas debido a que fue la despedida de Topolanek al frente del Consejo durante más de cinco meses, en los que ha dado prueba de una escasa capacidad conciliadora y ha dejado más de una declaración polémica.
La última de ellas se produjo durante la primera cumbre monográfica de la UE sobre empleo, en la que ayer declaró: "voy a perder mi puesto como primer ministro, pero no voy a estar en paro. El que busca un trabajo lo encuentra".
Ese particular consejo en mitad de una cumbre, que presidía, sobre empleo muestra su escasa cintura dialéctica en un momento en el que el paro en la Unión afecta a más de 20 millones de personas y con la previsión de que ocho millones de europeos pierdan su empleo en los próximos dos años.
Las posiciones de Topolanek a favor de las políticas económicas más liberalizadoras son conocidas, pero como presidente del Consejo se esperaba que fuese capaz de mostrase conciliador con las opiniones dentro de la UE a favor de una Europa social.
El vicepresidente del grupo parlamentario socialista en el Parlamento Europeo, Hannes Swoboda, solicitó