Una bomba de "gran tamaño", cargada con casi 50 kilos de explosivos, fue
desactivada hoy en un descampado del sur del condado norirlandés de Fermanagh,
próximo a la frontera con la República de Irlanda, informaron fuentes
oficiales.
El artefacto explosivo se encontraba camuflado dentro de un barril
de cerveza y fue descubierto por un hombre que trabajaba en el campo, indicó un
portavoz de la Policía norirlandesa (PSNI).
Esta misma zona fue objeto hace
una semanas de una operación de rastreo por parte las fuerzas del orden, después
de que supuestos terroristas avisasen de que habían dejado una bomba en un punto
del trayecto de 16 kilómetros que une las localidades de Rosslea y Donagh.
En
junio del año pasado y cerca de este lugar fue colocada debajo de un puente otra
bomba, que no llegó a estallar cuando dos agentes de la PSNI circulaban por
él.
Según fuentes policiales, varias familias fueron evacuadas hoy tras
llegar los artificieros del Ejército británico, que recuperaron "diversas partes
de un artefacto explosivo de considerable tamaño".
El superintendente de la
PSNI en el condado de Fermanagh, Alywin Barton, aseguró hoy que el impacto del
terrorismo en las "vidas y trabajos" de las comunidades de esta zona "está
siendo enorme, sobre todo en estos tiempos de crisis".
Barton ha acusado
directamente a los grupos disidentes del Ejército Republicano Irlandés (IRA)
opuestos al proceso de paz de poner en su punto de mira a la población civil de
Irlanda del Norte.
Según el superintendente, las aéreas limítrofes con la
República de Irlanda son las más amenazadas por los disidentes, como lo
demuestra el número de agentes del orden que en los últimos meses han sido
objetivo de los terroristas. El IRA Auténtico y el de Continuidad, escisiones
del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA), asesinaron el pasado mes de
marzo a dos soldados británicos en la base militar de Massereene al norte de
Belfast y a un policía en el condado fronterizo de Armagh,
respectivamente.
No obstante, el reciente rebrote de la violencia ha
provocado la repulsa en las calles de la mayoría de los norirlandeses y ha unido
en su condena a todos los partidos de la provincia, incluido el Sinn Fein, brazo
político del IRA, que llegó a tildar a los disidentes de "traidores" a la causa
republicana.