El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, habló por primera vez de la
creación de un "Estado palestino" pero puso una serie de condiciones a la ANP
que los portavoces palestinos calificaron de "sabotaje" al proceso de paz.
En
su primer discurso sobre el proceso de paz desde que entró en marzo en la
oficina del primer ministro de Israel, Netanyahu sentó las condiciones para la
futura reanudación de las negociaciones y enumeró que entre las dos de base está
la de un estado palestino desmilitarizado.
"Israel no podrá aceptar un Estado
palestino a menos que obtenga garantías de que estará desmilitarizado", dijo en
un discurso que pronunció en la Universidad de Bar Ilan, a las afueras de Tel
Aviv, en respuesta al que el presidente estadounidense, Barack Obama, dio en El
Cairo a principios de mes. "Hay que garantizar -matizó- que los palestinos no
podrán introducir cohetes ni terroristas en su territorio, ni hacer alianzas con
enemigos de Israel".
Frente a una audiencia amiga, repleta de seguidores del
movimiento sionista religioso al que pertenece esa alta casa de estudios,
Netanyahu reafirmó su postura de que el proceso de paz debe salirse del marco
acordado por el anterior gobierno israelí de Ehud Olmert, aunque se mostró un
poco más realista que antes de las elecciones de febrero.
Porque al pedir
a los países árabes vecinos que apoyen su visión de una "paz económica" -que ya
ofreció en campaña electoral- reconoció a la vez que "esta no será suficiente"
para resolver el conflicto de Oriente Medio, y asumió abiertamente la creación
de un estado palestino al lado de Israel. Un estado que además de
desmilitarizado no podrá tener control sobre su espacio aéreo, porque "existe el
temor", dijo, "de que el estado palestino se convierta en un estado terrorista,
como ocurrió en la franja de Gaza" tras la retirada de Israel en 2005.
Según
la visión de Netanyahu, antes de alcanzar su estado los palestinos deberán
reconocer también que "Israel es el hogar nacional del pueblo judío", un
reconocimiento que él considera la "raíz" de todo el conflicto de Oriente Medio
desde hace décadas.
Sin la aceptación de esas dos condiciones de base el
primer ministro israelí no ve salida diplomática al conflicto porque "los
ataques palestinos comenzaron antes de que Israel estuviera en Judea y Samaria
(los nombres bíblicos para Cisjordania)".
Refiriéndose a otros grandes
problemas entre israelíes y palestinos, la soberanía sobre Jerusalén y el
retorno de cuatro millones de refugiados palestinos, el primer ministro israelí
se mostró no menos tajante. "Jerusalén es la capital indivisible de Israel" y
"el problema de los refugiados deberá resolverse fuera de la fronteras del
Estado de Israel", declaró.
La problemática construcción en las colonias
judías, otro de los escollos del proceso, Netanyahu la sorteó con no menos
habilidad política, al afirmar que no "habrá más asentamientos" pero sin
comprometerse a cesar la construcción porque "debemos dar respuesta al
crecimiento demográfico" de los colonos.
El discurso del primer ministro
israelí no ha sorprendido a los palestinos, que desde Ramala y Gaza, sede de sus
dos gobiernos, han condenado las nuevas exigencias. "No estamos sorprendidos
de lo que dijo pero al mismo tiempo condenamos todas sus declaraciones", dijo el
negociador jefe de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Saeb
Erekat.
Netanyahu, según el negociador palestino, "se ha limitado a ponernos
condiciones imposibles" sin siquiera "reconocer el problema de los refugiados ni
la solución de dos estados para dos pueblos". "Todas estas condiciones
previas son inaceptables para nosotros", aseguró.
Para Rafik Al Husseini,
jefe de gabinete del presidente Mahmud Abás, "con este discurso Netanyahu ha
declarado la guerra a los palestinos y al mundo entero" porque "niega todos los
principios que la comunidad internacional considera básicos para lograr una
solución pacífica".
Otros portavoces oficiales en Ramala hablaron de
"sabotaje" a las negociaciones, mientras que desde Gaza, donde gobierna el
movimiento islamista Hamás, uno de sus dirigentes, Ismail Raduán, valoró que "el
discurso es una bofetada en la cara de todos aquellos que apostaron por la
opción de las negociaciones con Israel".