España accedió a semifinales de la Copa Confederaciones gracias a un
testarazo de David Villa, que derrumbó el muro de una defensiva Irak, y
dejó a la 'roja' a las puertas de convertirse en la mejor de la
historia, a un solo encuentro de igualar la racha de partidos invicta
de Brasil.
En toda gran competición, una selección no mantiene nunca
la misma regularidad. España tuvo su día tonto ante Irak. Lo que antes
costaba una derrota humillante, lo solventó sin brillantez pero un
dominio aplastante. Sin un solo segundo de sufrimiento.
Sonaba el
himno nacional de Irak cuando tres globos ascendieron hacia el cielo
con la bandera de un país que se reconstruye, que intenta borrar las
huellas de la guerra, donde el fútbol fue vía de escape para una
generación que vive en la Copa Confederaciones su momento de gloria.
Un
sabio del fútbol vivía su gran día. Bora Milutinovic comparó la actual
España, la de los récords, con aquella Brasil de la década de los 70.
Por fútbol, toque y resultados. Ante la 'maquina roja' no le quedaba
otra alternativa que replegar a su equipo. Crear un ejército defensivo
para anular las armas de su rival.
Consiguió que España perdiese su
identidad por momentos. Se alejase del alto ritmo de juego que devora
rivales. Que con diez hombres por detrás de la pelota, los espacios se
empequeñeciesen hasta la mínima expresión y sólo chutase a puerta en
dos ocasiones en el primer acto. Cazorla blando desde la frontal y un
cabezazo de Capdevila que costó detener a Kassid.
La defensa de
cinco de Irak provocó cambios. Pensaba Del Bosque que abriendo el campo
con Cazorla y Juan Mata, los extremos nutrirían de balones a Fernando
Torres y David Villa. Se olvidó el seleccionador del estado de gracia
de Cesc Fábregas. Y el gran perjudicado fue Xavi Hernández. Le faltó un
socio en corto. Corrió 4,5 kilómetros en una primera mitad en la que
nunca encontró la llave para abrir el cerrojo.
El ritmo bajo lo
marcó Irak. España no supo romperlo. Sólo el ímpetu de Sergio Ramos
decantó el campo hacia la derecha. La izquierda, sin Albert Riera, no
existía. No hay mejor forma para cambiar la dinámica de partidos en los
que el rival renuncia al balón, que tocar con velocidad y los largos
desplazamientos. Xabi Alonso debía ejecutarlos. Su bota es un guante,
pero no había frescura en las alas para romper el orden del rival.
Irak
estaba cómoda en su papel. El mismo número de cambios que hizo Del
Bosque lo repitió Milutinovic. Cuatro modificaciones. Todas ofensivas.
Renunciando al ataque sacrificando a su estrella goleadora Jassim
Mahmoud, junto a su pareja Imad Mohammed. El contraataque como apuesta
para el milagro. Lentitud en sus posesiones. Balones para Akram para
matar el partido y la pelea de Alaa Abdul, solo ante Piqué y Marchena.
El
nuevo papel de grande del fútbol mundial de España le pone en el camino
este tipo de partidos. Es una consecuencia del éxito. Ramos supo romper
en dos trazos la disciplina táctica de Irak. Buscó siempre a Villa y lo
encontró con un medido centro cruzado que el 'Guaje' pateó al lateral
de la red.
Su momento estaba por llegar. Sólo el gol puede alegrar
los días difíciles que está viviendo Villa. Deseoso de recibir la
llamada que confirme su traspaso al Real Madrid. Lo encontró en el
momento que más lo necesitaba la 'roja'. A los diez minutos de la
segunda parte.
Cuando las ordenes de Del Bosque surtían efecto y la
movilidad de sus piezas comenzaban a hacer tambalearse al rival. Cazorla
dejó la banda para hacer daño entre líneas, en la banda izquierda hubo
superioridad de Mata y Capdevila, y el primer centro medido del lateral
lo convirtió Villa en su tercera asistencia del campeonato, con un
testarazo ajustado al palo.
Remató libre de marca, en el único
despiste de los tres centrales, para convertirse en el segundo máximo
artillero de la historia de España (30 goles en 46 partidos), para
sentenciar un partido rocoso.
Irak no tenía calidad para reaccionar.
España no pierde su estilo ni en los peores momentos. Realizó un
ejercicio de paciencia hasta encontrar el premio y aumentó la velocidad
en el segundo acto para hacer intervenir en continuas ocasiones a
Kassid.
Respondió a la perfección ante la descomunal potencia de
Xabi Alonso con sus lanzamientos lejanos. También lo hizo en el mano a
mano ante Mata y vio cómo Fernando Torres chutaba alto tras una muestra
de su velocidad tras pase cruzado de Cazorla.
Lo intentó con poca fe
Irak, basado en la calidad de Akram, que disparó alto en la acción de
más peligro. Iker Casillas no tuvo que realizar ninguna parada. Y no
hubo más premio para ningún jugador español. Ramos lo mereció, pero su
disparo rozó el larguero.
Cayó la noche sobre Sudáfrica con España
sellando su pase a semifinales a falta de un partido para el final de
la fase de grupos e Irak dejando para el último partido, ante Nueva
Zelanda, sus opciones de adueñarse del segundo puesto. Los cánticos
sudafricanos resonaban. El sonido de las trompetas no paró en el Free
State Stadium de Bloemfontein. En la 'ciudad de las rosas' donde la
'roja' se acercó a la historia.