La delegación de Río, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a la
cabeza, ha centrado su apuesta para ganar la elección de los Juegos Olímpicos
2016 en la pujanza económica y política de Brasil, el poder transformador de los
Juegos y la reclamación de una oportunidad para Suramérica.
Ésa ha sido el
mensaje transmitido en las reuniones mantenidas con los miembros del Comité
Olímpico Internacional (COI), que mañana decidirán en Copenhague la sede para
2016, por Lula, el ministro de Deportes, Orlando Silva, el presidente del Banco
Central, Henrique Merelles, y el resto de la delegación.
La solidez económica
de Brasil y su condición de potencia emergente entre los países no desarrollados
han sido esgrimidas por Lula para imitar el mensaje del presidente de EEUU,
Barack Obama, y mandar un claro "sí, podemos" de un país que dice estar listo y
capacitado para organizar los Juegos Olímpicos. "Río está preparado en cuerpo
y alma para hacer los Juegos. Es la primera vez que Brasil se preparó para
ganar, estamos en condiciones para ello", dijo Lula en una rueda de
prensa.
El presidente de Brasil ha insistido en el "momento mágico" y la
recuperación de la autoestima de su país, trazando un paralelismo entre la
campaña de Río y su trayectoria política personal. "Mucha gente decía que un
brasileño no iba a votar como presidente a un antiguo obrero. La historia se
repite, es el mismo tipo de convencimiento: antes muchos dirían que nosotros no
podemos hacerlo, pero ahora sí que podemos", afirmó hoy.
La presencia activa
en las reuniones con miembros del COI del presidente del Banco Central refleja
la intención de Río de dejar patente la viabilidad del proyecto y la robustez de
la economía brasileña.
Lula ha recordado además expresamente que para Río y
para Brasil organizar los Juegos supondría algo más que para el resto, ya que
permitiría impulsar el desarrollo del país, acelerando las inversiones que de
otra manera no se realizarían al mismo ritmo.
La consecución de los Juegos
enviaría además un mensaje de "esperanza" a millones de niños de Brasil y de
América del Sur, han reiterado el presidente y demás miembros de la
delegación. La reivindicación histórica para Sudámerica, el único continente
con África que no ha organizado los Juegos, ha sido repetida una y otra vez por
cada uno de los componentes del equipo carioca.
La unidad por primera vez de
los tres poderes políticos del país -municipal, federal y estatal-, reflejada
continuamente en las diversas comparecencias públicas, ha ofrecido una imagen
homogénea.
El equipo de Río se aferra también a la aprobación otorgada hace
un mes por la comisión de evaluación del COI a un proyecto con "calidad,
consistencia y magnitud", según lo ha definido Lula.
El respaldo del informe
preliminar del COI y los contactos "muy productivos" mantenidos estos días con
sus miembros han reforzado el "optimismo" y el "entusiasmo" de la candidatura,
en palabras del ministro Orlando.
"La comunidad olímpica comprende nuestro
mensaje de que organizar los Juegos estimularía el desarrollo de Brasil, la
transformación urbana de Río y el desarrollo social a través del deporte",
declaró hoy un optimista pero a la vez cauto Silva.
Río 2016 ha tirado además
de lo mejor de su deporte, con Pelé a la cabeza, y con otros nombres ilustres
del pasado, como Gustavo Kuerten, y del presente, entre los que figuran César
Cielo, primer medallista de oro olímpico suramericano, o Torben Grael, que con
cinco metales es el brasileño más laureado en los Juegos.
Incluso ha
recurrido a una figura ajena al deporte como el célebre escritor Paulo Coelho,
quien hoy apoyó públicamente la candidatura en Copenhague, almorzando además con
las esposas de varios miembros del COI para difundir el mensaje de
Río.