La derrota de Rafael Nadal en la final de Shanghái ante el ruso Nikolay
Davydenko abre la incógnita de si el español volverá a ser el jugador
destructivo, aniquilador, autor de puntos inverosímiles con los que se ha ganado
al mundo, pero él está convencido de que sigue en la lucha.
"Estoy convencido
de que Nadal volverá a ser el que fue", dijo Feliciano López tras perder en las
semifinales con el de Manacor, sentimiento que también expresó el propio
Davydenko con similares palabras, aunque más razonadas.
"En Abu Dabi jugué un
partido contra él y me sorprendió su rapidez y frescura. Estaba realmente
fuerte. Pero no puedes tener la misma sensación de frescura cada día y la misma
velocidad corriendo porque tu concentración no está solamente en los pies, sino
también en tu cabeza. Ves como la bola vuela y corres hacia ella, por eso es tan
importante la concentración, y Nadal es joven, y puede correr quizás cinco años
más al mismo nivel".
Pero en Shanghai, el aficionado chino ha echado en falta
la garra de otras veces de Nadal, y se ha encontrado con un juego algo
conservador, falto de chispa y sin el mordiente que ha caracterizado siempre al
de Manacor.
"Sigo siendo el dos del mundo y desde que he vuelto de la lesión
no lo he hecho mucho peor que Djokovic o Murray. Del Potro ha ganado el US Open
y Federer Cincinnati pero tampoco lo he hecho mucho peor que ellos", se defendió
Nadal tras su derrota en la capital económica china.
"He estado en todas las
rondas finales desde que he vuelto de la lesión teniendo en cuenta lo difícil
que es volver de una en la rodilla y estar parado a mitad de la temporada. Es
peor que al final como el año pasado, cuando todos empezamos de cero. Yo he
vuelto cuando todos estaban entrenados", añadió.
Pocos gestos de pasión en su
cuerpo y la cabeza baja en muchos puntos, han dejado ver un Nadal muy
preocupado, quizás porque quiere mantenerse físicamente intacto, y no sufrir más
los altibajos y los parones que le han acosado esta temporada, con las dos
interrupciones partiendo su sesión.
Ahora tiene tres citas de menor a mayor
importancia. El Masters 1000 de París Bercy, la Copa Masters de Londres, y la
final de la Copa Davis, del 4 al 6 de diciembre, punto final de una temporada en
la que ha tenido que parar dos veces y en la que ha cedido su reinado en Roland
Garros y Londres, por lesiones de rodilla y abdominales.
No obstante, es un curso jalonado con el Abierto de Australia y cuatro títulos
más, entre ellos los Masters 1000 de Indian Wells, Montecarlo y Roma, y el
torneo de Barcelona.
"No vamos a creer ahora que el nivel anterior era
espectacular, era bueno, pero ni mucho menos lejano al de ahora, simplemente que
venía rodado y de ganar torneos. No estoy lejos. Creo que estoy", dijo Nadal,
creyéndoselo.
"El número uno no existe", había dejado claro a principios de
la semana, al señalar que no es su objetivo inmediato este año. "Tendría que
ganarlo todo y eso es casi imposible", dijo. Sólo quiere mantenerse sano y crear
de su juego un hábito y recuperar esa mordiente para rematar partidos como
antes.