Al juez Garzón se le ha ido la mano. Ha autorizado la grabación de conversaciones personales a 1.500 cargos del PP. Una auténtica cacería. Con la disculpa de la Gürtel, la vida personal de estas personas es hoy un secreto a voces que seguro acabará siendo utilizada para perjudicarlos. Vamos, que aparecerán sus líos de faldas, sus gustos sexuales, en fin, que hemos entrado en el todo vale para aniquilar a los adversarios políticos. Más que una democracia este país, con actuaciones como ésta, parece una dictadura caribeña.