La Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria concluyó en Roma con el
lamento por otra ocasión perdida para concretar las acciones a emprender, sobre
todo económicas, y resolver el problema del hambre en el mundo, que afecta ya a
más de 1.000 millones de personas en todo el planeta.
Ese lamento fue el que
el propio director general de la Organización de Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, expresó este miércoles en su
discurso de cierre ante el plenario de la cumbre, haciendo evidente que el mal
sabor de boca no sólo se lo llevan las ONG.
La declaración conjunta aprobada
en el primer día de encuentro hace pensar que, esta vez, se adoptarán medidas
urgentes, "aunque, lo lamento, tengo que constatar que no contiene ni objetivos
cuantificables ni fechas concretas que hubieran permitido conseguir mejor su
realización".
Esa misma postura fue la que el responsable de la FAO dejó
patente en la rueda de prensa concluyente de la cumbre celebrada instantes
después en la sede de la organización de Naciones Unidas, en la que Diouf tuvo
que defender los logros que, a su juicio, salen del encuentro.
"Creo que
tenemos que ser muy realistas. La responsabilidad de garantizar la seguridad
alimentaria, la agricultura y el desarrollo rural es responsabilidad de todos
los gobiernos y de sus pueblos. No es responsabilidad de la FAO y mucho menos de
una cumbre", incidió Diouf.
"Una cumbre es un marco para que haya debate,
para intentar llegar a un consenso, para encontrar soluciones a nivel mundial. Y
una de las responsabilidades de la FAO es ofrecer un foro para que se debatan
los temas que puedan tener un impacto en la seguridad alimentaria mundial",
añadió.
En este sentido, el director general de la FAO aseguró que lo que se
ha hecho en esta cumbre es lo que se viene haciendo en los últimos encuentros
internacionales a más alto nivel y lo que, según él, parece que se hará en la
próxima conferencia de la ONU sobre el cambio climático de Copenhague.
Sea
como fuere, la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria concluye con la
reiteración del compromiso en la reducción a la mitad del número de personas que
pasan hambre para 2015, pero echa el cierre muy cuestionada también por la
ausencia de jefes de Estado y de Gobierno del G8, a excepción del anfitrión,
Silvio Berlusconi.
"Naturalmente que me habría gustado que todos los países
estuvieran representados a nivel de jefes de Estado y Gobierno y no sólo por
razones protocolarias, sino porque estamos convencidos de que el problema de la
agricultura va más allá de la cartera del ministerio de Agricultura, porque
estos ministerios no tienen la solución, porque la financiación no la deciden",
apuntó Diouf.
"Si no contamos con los jefes de Estado y Gobierno y no vienen
para hablar de estos temas, creo que no estamos abordando el problema en sí,
porque abordamos el problema de forma técnica, y esta cuestión tiene una
dimensión social, financiera e, incluso, cultural", agregó.
La Cumbre Mundial
sobre Seguridad Alimentaria ha encontrado una evidente disconformidad de las ONG
y de diversos movimientos sociales que ven cómo en la declaración final no
figuran nuevas ayudas económicas para luchar contra el hambre, aunque sí el
apoyo a los fondos aprobados en el pasado G8 de L'Aquila (Italia) de más de
20.000 millones de dólares en tres años.
Dinero que debe llegar para hacer
frente a los más de mil millones de personas que pasan hambre en un planeta que
para 2050 se estima que habrá superado la cifra de los 9.000 millones de
habitantes, lo que incrementará la demanda de alimentos en la Tierra.
El
director general de la FAO considera que, a pesar de esa elevada cifra de
hambrientos, hoy disponen de dos elementos favorables: uno, que existe una mayor
conciencia internacional tras la crisis alimentaria de 2007 y 2008, y, dos, que
31 países han reducido el número de hambrientos desde los años 90.
Tres son
los logros "considerables" que salen de esta cumbre, según Diouf (quien hoy
reiteró su decisión de no presentarse a un cuarto mandato): el compromiso en
invertir la tendencia de la inversión de ayuda oficial al desarrollo en
agricultura; el acuerdo sobre la reducción total del hambre, y la decisión de
adoptar un sistema de gobernabilidad más coherente.