La fiscalía de Roma investiga la verdadera titularidad de una o varias cuentas
corrientes abiertas en Unicredit a nombre del IOR, el Banco Vaticano, ante la
sospecha de que sirva de tapadera a personas o sociedades "que han creado un
canal para el flujo de recursos entre el banco vaticano e Italia".
Las
pesquisas, según informan los medios italianos, las dirigen el fiscal
Stefano Rocco y el adjunto Nello Rossi, se desarrollan en medio de una gran
discreción y de momento no hay ningún investigado.
Los fiscales, agregaron
las fuentes, intentan desvelar la auténtica titularidad de una o varias cuentas
abiertas a nombre del IOR en una sucursal de Unicredit ubicada en la Vía della
Conciliazione, la ancha calle que une Roma con el Vaticano, cuando todavía esa
oficina pertenecía a la antigua Banca de Roma antes de que esta entidad diera
vida, junto a otras, a Unicredit.
Los investigadores sospechan que detrás de
las siglas Instituto para las Obras de la Religión (IOR), "que constituye una
pantalla opaca", según dicen, pueden ocultarse personas físicas o sociedades que
a través de esa cuenta "hayan creado un canal para el flujo de recursos entre el
banco vaticano e Italia".
La fiscalía teme que se pueda haber violado la
normativa comunitaria contra el reciclaje de dinero y sobre la transparencia en
la titularidad de las cuentas. Por esa cuenta o cuentas, indican los medios
italianos, transitaron en los pasados tres años 60 millones de euros
anuales.
El IOR, con sede en la Ciudad del Vaticano, fue fundado por Pío XII
en 1942 y tiene personalidad jurídica propia. Su presidente es el economista
italiano Ettore Gotti Tedeschi, de 64 años, titular del Santander Consumer
Bank.
El banco vaticano se vio salpicado a principios de la década de los 80
por el escándalo de la quiebra del Ambrosiano de Roberto Calvi, encontrado
ahorcado bajo un puente de Londres en 1982.
El viejo Ambrosiano, del que el
IOR tenía el 16 por ciento del capital, quebró en 1982 debido a un "agujero" de
cerca de 600 millones de dólares de la época, derivado de la desviación de
fondos para usos privados y para la subversiva logia masónica Propaganda Dos
(P-2), de Licio Gelli.
La bancarrota de la entidad originó la quiebra de una
treintena de empresas. Calvi estaba muy relacionado con la Santa Sede y,
aunque el Vaticano siempre rechazó cualquier responsabilidad en la bancarrota,
sí admitió su "implicación moral" y decidió pagar 241 millones de dólares (unos
235 millones de euros) a los acreedores de la entidad.