Joan Laporta, muy nacionalista él, celebró el triunfo del Barcelona sobre el Madrid con champán francés. A los españolitos que guarde Dios se nos recomienda consumir cava catalán pero los prohombres del nacionalismo se ponen alegres con champán, todavía hay clases, o que se creían. Laporta se casó con la hija de un reconocido pero acaudalado falangista y una vez sentado en la poltrona culé rompió amarras, se separó y a vivir la vida alegre junto a una brasileña. A ésto se le llama en Cataluña vivir por objetivos. Un castizo diría que es vivir por la cara.