Al grito de "muerte a Musaví" y "castigo para los responsables de la
conspiración", cientos de miles de iraníes movilizados por el Gobierno salieron a la calles del país para expresar el apoyo al régimen.
Llegados en
autobuses y furgonetas desde diferentes puntos de la capital, los manifestantes
se congregaron en torno a la emblemática avenida Enguelab, escenario el pasado
domingo de violentos enfrentamientos entre las Fuerzas de Seguridad y grupos de
oposición que trataban de protestar contra el régimen. Apenas tres días
después, la imagen que mostraba hoy en directo la televisión estatal era muy
distinta.
Hombres y mujeres envueltas en largos velos negros, llamados
chador, desfilaban por las calles del centro-sur de la capital y de otras
ciudades con retratos del líder supremo de la Revolución, ayatolá Ali Jameneí, y
del controvertido presidente del país, Mahmud Ahmadineyad.
Los gritos de
apoyo al líder se mezclaban con eslóganes en los que se culpaba a los adalides
de la oposición, Mir Husein Musaví y Mehdi Karrubí, de los sangrientos
disturbios de días pasados y de la inestabilidad política y social que atraviesa
Irán desde la polémica reelección de su mandatario.
"Muerte a Musaví",
"muerte a quienes se oponen a la Velayat-e Faquih" (nombre que designa al
sistema teocrático iraní) clamaba una multitud encendida, que en algunos puntos
quemó banderas de Estados Unidos e Israel, según las imágenes proporcionadas por
los medios oficiales, que cifraron la participación en millones de
personas.
"Musaví es el responsable de la sangre vertida".... "nos
sacrificaremos por nuestro líder supremo", fueron otras de las consignas más
repetidas según los medios oficiales, que dieron noticia de "masivas
concentraciones" también en otros puntos del territorio nacional.
Un grupo de
personas se concentró frente a la embajada británica en Teherán, donde gritaron
"muerte al Reino Unido" y pidieron la expulsión del embajador, informó por su
parte la agencia estatal de noticias Irna.
La manifestación de este miércoles
responde a la movilización que llevó a cabo el pasado domingo la oposición, que
desde hace seis meses denuncia como "fraudulento" el resultado de los comicios
presidenciales del pasado 12 de junio y critica la actuación del régimen.
El
resultado electoral ha abierto una profunda brecha en la sociedad iraní, que en
los últimos meses se ha polarizado mientras el régimen parece enredado cada vez
más en un férreo pulso por el poder de consecuencias impredecibles.
El pasado
domingo, día de "Ashura", la festividad más sagrada del calendario religioso
chií, Fuerzas de Seguridad y grupos opositores se enfrentaron en una cruenta
jornada en la que murieron al menos ocho personas, según cifras
oficiales.
Entre los fallecidos se hallaba Ali Musaví, sobrino del líder del
movimiento de oposición verde, Mir Husein Musaví, quien hoy fue enterrado en el
mayor cementerio de Teherán entre enormes medidas de seguridad para evitar
nuevas protestas.
Tanto la clase política, como numerosos clérigos y las
Fuerzas de Seguridad han acusado a las potencias extranjeras, y en particular a
Estados Unidos, Reino Unido e Israel, de orquestar y apoyar lo que el presidente
Ahmadineyad calificó el martes como "una mascarada nauseabunda".
Además, en
los últimos días, se han elevado de nuevo las voces que exigen el arresto y el
castigo de los principales líderes opositores, en especial de Karrubí y Musaví,
una medida que según los expertos en la zona podría agravar aún más la fractura
que divide el país.
El ayatolá Abas Vaiz Tabasi fue incluso un escalón más
allá al calificar a los responsables de los disturbios de "Mohareb" (enemigos de
Dios), un delito tipificado como muy grave en la jurisprudencia islámica iraní y
que se castiga con la pena capital.
Tabasi, miembro de la Asamblea de
Expertos y del Consejo de Determinación, ambos órganos de poder muy influyentes,
está considerado uno de los clérigos cercanos a Jameneí.
En la misma
dirección apuntó hoy el Consejo que coordina la propagación de un Irán Islámico,
que en un comunicado reproducido por la televisión estatal PressTV criticó al
poder Judicial y al Gobierno por permitir que los líderes de las protestas sigan
aún libres. "Instamos a todos los organismos del Gobierno a identificar a
aquellos que desafían (los valores religiosos) y les impongan las penas más
severas", afirmó.
El régimen, no obstante, ha recrudecido la presión sobre
los opositores, con la detención en los últimos días de más de una docena de
activistas.
El jefe de la Policía iraní, Ismail Ahmadi Moghadam, confirmó hoy
que alrededor de 300 personas permanecen detenidas desde el domingo y advirtió a
la oposición de que a partir de ahora la tolerancia será cero y acción policial
"mucho más dura".