El convoy de residuos nucleares destinado al depósito de Gorleben (norte de Alemania) quedó de nuevo bloqueado al colocar un grupo de activistas de Greenpeace una furgoneta en la carretera que lleva hasta el cementerio atómico.
Cuatro miembros de la organización ecologista lograron burlar el cordón de seguridad en torno a los 20 kilómetros de carretera y colocaron la furgoneta en mitad de la calzada, con el propósito de obstaculizar el máximo tiempo posible el paso del convoy.