La exprimera ministra británica Margaret
Thatcher ha muerto este lunes a los 87 años de edad de un infarto
cerebral, según ha informado su portavoz, Lord Bell. "Con gran tristeza,
Mark y Carol Thatcher han anunciado que su madre, la Baronesa Thatcher,
ha fallecido pacíficamente esta mañana tras un infarto cerebral", ha
declarado el portavoz, citado por SkyNews.
La Dama de Hierro ejerció de primera ministra entre 1979 y 1990,
después de ganar tres elecciones consecutivas. Fue la única mujer que
ha presidido un gobierno en la historia de Reino Unido y la persona que
más años desempeñó el cargo desde principios del siglo XIX.
Nacida en 1925 en Grantham, una pequeña ciudad del noreste de
Inglaterra, pasará a la historia como una de las figuras políticas más
influyentes del siglo XX, tanto por su condición de primera mujer jefa
de Gobierno en una potencia europea como por unas contundentes políticas
neoliberales que le hicieron ganarse el apodo de Dama de Hierro.
Margaret Thatcher, hija de un tendero, creció en una familia
vinculada a la política local. Trabajó como investigadora química tras
estudiar en la Universidad de Oxford, pero pronto reorientó su carrera
para convertirse en abogada e iniciar un camino en el Partido
Conservador.
La entonces Margaret Hilda Roberts --se cambió el apellido tras
casarse en 1951 con el empresario Denis Thatcher-- aspiró por primera
vez a un cargo público en las elecciones de 1950. Se convirtió en la
mujer más joven de todo el país en presentarse para un escaño en la
Cámara de los Comunes, pero no logró imponerse en el bastión laborista
de Dartford.
Tampoco lo hizo un año después, cuando volvió a presentarse, pero
redujo la ventaja de la que gozaba hasta entonces el partido rival en
Dartford y ganó notoriedad pública.
Su oportunidad definitiva en política le llegó en 1959, fecha en
la que se impuso por la circunscripción de Finchley y logró un escaño
que no dejaría hasta 1992.
Ya en la Cámara de los Comunes, Thatcher comenzó a ocupar puestos
de responsabilidad dentro de las filas tories y entre 1964 y 1970
ejerció diferentes puestos dentro del gabinete alternativo que mantenía
en la oposición el entonces líder conservador, Edward Heath.
La llegada de Heath al poder, en 1970, supuso también la entrada
de Thatcher en el Gobierno como ministra de Educación. La derrota en las
elecciones celebradas cuatro años después marcó un punto de inflexión
en el hasta entonces estable panorama conservador y Thatcher decidió
enfrentarse con Heath por el liderazgo del partido.
Aunque muchos compañeros de formación daban por segura la victoria
del antiguo premier, fue Tatcher la que se impuso y la que pasó a
liderar el partido. La renovación tory culminó en 1979 con la victoria
del partido en los comicios generales.
DAMA DE HIERRO
Thatcher inició entonces un mandato que revalidaría hasta en dos
ocasiones y que le permitió liderar el Gobierno británico hasta 1990.
Estos más de once años en el poder representan un hito en la política de
Reino Unido del siglo XX, acostumbrada a primeros ministros menos
duraderos.
Esos once años no sólo supusieron una etapa clave en la historia
británica, sino también para la vida de Thatcher, que recogió el bastón
de mando como la primera mujer que asumía el principal cargo político
del país y lo dejó ya para siempre ligada al apodo de Dama de Hierro,
tal como la bautizaron los soviéticos.
El mote refleja su mano firme en la toma de decisiones y su
defensa férrea de políticas liberales como la privatización de empresas
estatales, la reforma de los sindicatos, la reducción de impuestos y la
rebaja del gasto social.
Por una parte, consiguió reducir la inflación pero, por otra, no
supo contener el desempleo, que aumentó drásticamente durante sus años
en el cargo.
En materia de política exterior, de los gobiernos Thatcher
destacan la victoria en 1982 de las Fuerzas Armadas británicas frente a
Argentina por la soberanía de las islas Malvinas y la cercana relación
que mantuvo con el presidente estadounidense, Ronald Reagan, con quien
compartía la animadversión por el comunismo.
La llegada de Mijail Gorbachov a la URSS supuso, no obstante, una
mayor apertura de Thatcher a Moscú, hasta el punto que en 1984 invitó al
líder soviético a Reino Unido y le ofreció colaboración a cambio de
reformas.
En 1984, la primera ministra sobrevivió a un atentado del IRA que
tenía por objetivo la cumbre del Partido Conservador celebrada en
Brighton.
DOS REELECCIONES
La victoria en las Malvinas y la división de los laboristas ayudó a
Thatcher a imponerse en las elecciones generales de 1983, un éxito que
reeditó cuatro años después, en 1987.
Sin embargo, conforme pasaban los años, el carisma de Thatcher fue
quedando eclipsado por unas polémicas iniciativas que no gustaron
incluso a miembros de su propio partido.
Entre sus decisiones más controvertidas figura el poll tax, un
tributo local que obligaba a todos a contribuir por igual y que generó
importantes disturbios sociales, y su oposición a una mayor integración
en Europa.
Presionada por su partido, Thatcher terminó dimitiendo en
noviembre de 1990, tras lo cual John Major se convirtió en líder tory y
primer ministro.
APARTADA DESDE 2002
La era Thatcher, que ha dejado como legado un sistema político, el thatcherismo, con tantos adeptos como detractores, llegó a su fin en
1992 con la salida de la ya ex primer ministra de la Cámara de los
Comunes. Convertida en baronesa, fue designada como miembro de la Cámara
de los Lores.
A partir de entonces, inició una vida más apartada de la primera
línea de toma de decisiones y en la que recorrió parte del mundo dando
conferencias. También creó la Fundación Thatcher, cuyo primer objetivo
era promover la libertad política y económica en países del este de
Europa, y escribió dos libros de memorias que fueron publicados en 1993 y
1995.
Sin embargo, con la llegada del nuevo siglo comenzaron también los
problemas de salud de la no tan de hierro Margaret Thatcher. En 2001 y
2002 sufrió una serie de accidentes cerebrovasculares que provocaron que
redujera sus apariciones públicas y cancelara sus actividades como
oradora.
La familia de la ex primera ministra admitió en 2008 que padecía
demencia senil y los británicos han seguido con atención cualquier
noticia sobre la salud de Thatcher, especialmente los ingresos
hospitalarios que han trascendido en los últimos años.