Rafael Nadal posa con la Copa de los Mosqueteros a bordo de un barco que navega por el Sena frente a la Torre Eiffel, una estampa ya clásica que culmina su décimo triunfo en un torneo que le dedicará un busto en sus nuevas instalaciones para sellar la comunión entre el tenista y el público francés.
Siempre agradecido, el jugador no ahorra ni una palabra de reconocimiento, no guarda en su memoria ni un rastro de rencor, ni cuando en los primeros años costó aceptar al guerrillero que afrontaba al caballero Roger Federer.
Regresa al número dos
Y es que el décimo título de Roland Garros le devuelve al número dos mundial, desde el cuarto puesto que ocupaba, solo superado ahora por el británico Andy Murray.
Con su paso fulgurante por el torneo parisino, que ganó sin perder un solo set, Nadal adelanta con una única maniobra al serbio Novak Djokovic, que era segundo y baja a la cuarta plaza, y al suizo Stan Wawrinka, su víctima en la final, que conserva la tercera posición. EFE