Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina nació en Salamanca en 1930 y falleció en 2020. Es uno de los filósofos españoles más originales de la tradición fenomenológica actual. Elaboró la estromatología que representa un esfuerzo sistemático con la intención de renovar la fenomenología clásica frente a lo que él entendía como sus limitaciones, articulando una interpretación integradora de experiencia, realidad, ciencia, arte y lenguaje. En su libro Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos de 2014, Urbina establece que existen niveles o estratos estructurados en la fenomenología en una matriz interrelacionada donde la intención, la significación y la síntesis de sentido operan de forma dinámica. Con este planteamiento fenomenológico evita reduccionismos que desconectan la experiencia de su contexto vital y científico. Esto supone un enfoque radical frente a interpretaciones que buscan un único fundamento o centro de la conciencia.
Urbina se formó en filosofía y realizó su tesis doctoral en 1978 en la Universidad Complutense de Madrid, titulada La idea de verdad en la fenomenología de Husserl, en la que comenzó a plantear ya una lectura crítica de la fenomenología. Su carrera docente se desarrolló inicialmente en la enseñanza media, como profesor y director de instituto en diversas ciudades, y posteriormente en la Universidad de Valladolid, donde fue catedrático de Historia de la Filosofía hasta su jubilación en el año 2000. Ortiz de Urbina no se limitó a la docencia, sino que también fue un activo colaborador de revistas filosóficas, participando en congresos y encuentros académicos en torno a la fenomenología y la filosofía contemporánea.
Urbina critica el idealismo porque lo considera una reducción excesiva de la realidad a la conciencia o a estructuras puramente mentales. En este sentido, critica ciertas formas de fenomenología trascendental que tienden a subordinar lo real a lo subjetivo, ignorando la complejidad del mundo y la multiplicidad de los niveles de experiencia. La realidad, desde su planteamiento, se articula en estratos o niveles fenomenológicos: percepción, cultura, ciencia y arte, que interactúan dinámicamente en la conciencia, de modo que el sujeto no es absoluto ni generador único de significados, sino parte de un conjunto conectado. En cuanto a su interpretación del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, considera que este tiende a reducir la experiencia humana y los fenómenos culturales a explicaciones estrictamente materiales. Para Ortiz de Urbina, esto subestima los niveles intermedios de la experiencia, como el arte, el lenguaje y la ética, que no se agotan en las relaciones materiales.
Además, Urbina sostiene que la ontología del materialismo filosófico es rigurosa, pero no aborda suficientemente la estructura de la conciencia y de la experiencia vivida, dejando un vacío en la mediación entre sujeto y objeto. No obstante, considero que esta cuestión podría resolverse mediante los desarrollos posibles del materialismo de Bueno. De todas formas, es cierto que la fenomenología de Ortiz de Urbina aporta esa dimensión estructurada de estratos de experiencia que el materialismo filosófico no elabora.
En lo relativo a los puntos de acuerdo con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, ambos filósofos comparten la idea de que la filosofía debe ser sistemática, rigurosa y coherente. Urbina valora la claridad y la articulación lógica del materialismo. Además, las dos filosofías rechazan el subjetivismo extremo, ya que no se puede desconocer la objetividad del mundo. Existe un interés compartido por la integración entre ciencia y filosofía en ambos filósofos. En cuanto al diálogo crítico como método, Ortiz de Urbina adopta la misma actitud de Bueno respecto al debate filosófico: no se trata de rechazar todo lo ajeno, sino de someterlo a crítica y análisis sistemático. Urbina critica ciertos aspectos del materialismo filosófico, pero reconoce sus grandes aportaciones metodológicas, ontológicas y gnoseológicas.
En su libro póstumo, publicado en 2024 titulado Por amor al arte: ensayo de una gnoseología fenomenológica en Ediciones Eikasía, Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina sostiene que el arte no es un simple adorno ni expresión subjetiva, sino una forma originaria de conocimiento. Permite acceder a dimensiones de la experiencia que habitualmente permanecen implícitas. De hecho, considera que en la vivencia estética se pone en juego la relación entre sujeto y mundo, con todo lo que ello implica. Además, el arte hace visible el proceso mismo de constitución del significado. Analiza como aparecen las cosas en la conciencia. El arte intensifica el fenómeno del aparecer, y la obra artística organiza la experiencia y la hace inteligible sin reducirla a conceptos abstractos. Este libro cuestiona la idea de que solo el conocimiento científico es válido. Porque considera que el positivismo reduce la comprensión de la experiencia humana. Además, el arte muestra que el conocimiento incluye dimensiones sensibles, simbólicas y estructurales que no caben en el modelo científico existente. En el libro, Urbina analiza la estructura interna del sentido. Desde su fenomenología, el sentido no es algo añadido a las cosas, sino que se configura en la experiencia. El arte actúa como laboratorio privilegiado para examinar cómo se articula dicho sentido. Rechaza la separación tajante entre razón y sensibilidad, al igual que Xavier Zubiri. La experiencia estética integra o articula percepción, afectividad y estructura racional. Para Ortiz de Urbina, comprender el arte equivale a entender de manera más profunda cómo se constituye el conocimiento mismo. Ver video
José Manuel López García