El Confidencial
radiolider Buscador de noticias buscar en google
José Manuel López García
Bayardo Quinto Núñez
Mi rincón

Ciudadanos antes que partidos

01-06-2026

Cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que no tenga una preocupación económica, social o laboral que afecte directamente a su vida cotidiana. Basta escuchar una conversación en una cafetería, en una sala de espera, en un centro de trabajo o en cualquier reunión familiar para comprobar que las inquietudes de los españoles suelen coincidir en cuestiones muy concretas, la vivienda, la sanidad, la educación, los salarios, las pensiones y la creciente sensación de que quienes gobiernan viven demasiado alejados de los problemas reales de la ciudadanía. 

Mientras el debate político continúa girando con frecuencia alrededor de enfrentamientos partidistas, estrategias electorales y polémicas que apenas tienen impacto en la vida diaria de las personas, miles de familias siguen enfrentándose a dificultades que llevan años esperando soluciones eficaces. 

La sanidad pública es uno de los ejemplos más evidentes. España cuenta con profesionales sanitarios altamente cualificados, admirados dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, la falta de personal, las listas de espera y la saturación de números servicios han convertido la atención sanitaria en una preocupación creciente. 

Muchos ciudadanos consideran que reforzar plantillas, aumentar recursos y mejorar las condiciones laborales de médicos, enfermeras y demás profesionales debería ser una prioridad absoluta para cualquier gobierno. 

La educación pública tampoco escapa a esta realidad. Existen colegios e institutos que necesitan reformas urgentes y una mayor inversión para garantizar que los estudiantes dispongan de instalaciones adecuadas y recursos suficientes. Invertir en educación no es una cuestión ideológica, es una apuesta por el futuro. Cada euro destinado a mejorar la formación de las nuevas generaciones es una inversión que acaba repercutiendo en toda la sociedad. 

Pero existe un problema que preocupa especialmente a jóvenes y adultos es el acceso a la vivienda. Comprar una vivienda se ha convertido para muchos trabajadores en un objetivo casi inalcanzable. Los precios han aumentado a una velocidad muy superior a la de los salarios, mientras que los alquileres absorben una parte cada vez más importante de los ingresos familiares. 

Ante esta situación, son numerosos los ciudadanos que reclaman una política de vivienda más ambiciosa, basada en la construcción de viviendas protegidas, el impulso de alquileres sociales y medidas que faciliten el acceso a la vivienda habitual. Tener un hogar debería ser un derecho al alcance de quienes trabajan y contribuyen con su esfuerzo al sostenimiento del país, no una meta reservada únicamente para quienes cuentan con mayores recursos económicos. 

La preocupación económica se extiende también al ámbito laboral. Muchos trabajadores sienten que sus salarios han dejado de seguir el ritmo del coste de la vida. Cada subida en productos básicos, suministros o servicios repercute directamente en la economía doméstica, mientras las nóminas permanecen prácticamente estancadas para amplios sectores de la población. 

Los autónomos, por su parte, continúan reclamando una atención específica a sus necesidades. Son miles las personas que sostienen pequeños negocios, generan actividad económica y crean empleo, pero que a menudo consideran insuficiente el respaldo que reciben frente a las obligaciones fiscales, administrativas y económicas que deben afrontar. 

En paralelo, las pensiones siguen ocupando un lugar central en las preocupaciones de millones de españoles. 

Quienes han trabajado durante décadas esperan que el sistema garantice la seguridad económica que merecen tras toda una vida de esfuerzo. La posibilidad de que las pensiones pierdan poder adquisitivo o queden sujetas a incertidumbres futuras genera una lógica inquietud entre quienes dependen de ellas para vivir con dignidad. Por eso, cada vez son más las voces que defienden que las pensiones deben mantenerse protegidas y vinculadas a la capacidad del Estado para garantizar su estabilidad, actualizándose además conforme al coste real de la vida para evitar que los jubilados vean reducida su capacidad económica año tras año. 

Todo ello conduce a una reflexión que se escucha con frecuencia en muchos hogares, la necesidad de una política más cercana a los ciudadanos y menos centrada en las luchas por el poder. No se trata de pedir perfección, porque ningún gobierno la puede ofrecer. Se trata de exigir honestidad, transparencia y una gestión responsable de los recursos públicos. 

La ciudadanía tiene derecho a esperar que el dinero procedente de sus impuestos se administre con rigor y se destine prioritariamente a aquello que mejora la vida de las personas, hospitales, centros de salud, colegios, infraestructuras, vivienda, empleo y protección social. Esa debería ser la verdadera medida del éxito de cualquier proyecto político. Quizá por eso existe un creciente sentimiento de desencanto hacia quienes parecen más preocupados por conservar parcelas de poder que por resolver los problemas cotidianos de la sociedad. Lo que muchos ciudadanos reclaman no es una nueva promesa electoral. Reclaman hechos, compromiso y una voluntad real de trabajar por el interés general. 

Porque al final, la inmensa mayoría de los españoles comparte aspiraciones sencillas, un ejemplo digno: una vivienda accesible, una sanidad eficaz, una educación de calidad y una jubilación segura. Son objetivos razonables alcanzables y profundamente necesarios. Y tal vez haya llegado el momento de que la política vuelva a recordar que su principal misión no es servir a los partidos, sino servir a los ciudadanos.

Conchi Basilio


Ver otros artículos de este colaborador




www.galiciadiario.com no se hará responsable de los comentarios de los lectores. Nuestro editor los revisará para evitar insultos u opiniones ofensivas. Gracias




Videoteca