Se lleva décadas diciendo que Umbral sólo es cáscara, sólo es retórica y metáfora. El mejor lenguaje poético de la segunda mitad del siglo veinte, pero sin esencia.
Creo y he creído siempre, que Umbral no sólo tiene estética y retórica y poética, sino también tiene contenido. Pero por esos azares de la vida y del existir humano me he encontrado con un libro en Pdf que se titula: Francisco Umbral y la Filosofía, edición de Carlos X. Ardavin Tabanco y Esmeralda Balaguer, que defiende la tesis que Umbral tiene y tuvo filosofía y poesía. Que lo que más le influyó fue la poesía y la filosofía. Que leía y leyó durante toda la vida, poesía y filosofía.
Es obvio y evidente, que no estamos hablando de un filósofo profesional en el caso de Umbral, tampoco estamos hablando de alguien que estudiase académica y sistemáticamente filosofía, pero no cabe duda que bebió mucho en las aguas de los literatos filósofos y de los filósofos literatos. A veces, da la sensación, quizás sea subjetiva, que esa fuente y raíz, un poco la ocultó. Creo que tomó mucho de Ortega, no sé si tanto de Unamuno, también de Sartre y Camus. Quizás de otros pensadores y literatos-pensadores. La filosofía es un saber técnico. Las palabras tienen significado preciso. El concepto de trascendente, por poner un ejemplo y caso, puede tener distinta concepción en una escuela de pensamiento o en otra.
Creo que Francisco Umbral leyó mucho durante toda su vida. Y, por tanto leyó esa plétora de autores que combinaban filosofía y literatura y literatura y filosofía. No sé, cuánta cantidad de material leyó de lo que hoy denominamos ciencias sociales… -geografía, historia, política, económica, sociología, psicología, etc., en cuanto lecturas de tratados y manuales, y, no sólo de ensayos y opiniones-. Quizás, quizás, sólo es una opinión hipotética, de estas ramas del saber leyó menos, quizás esto se parecía más a la escuela y a la academia.
Hasta dónde sabemos Umbral no terminó la Secundaria –bien harían, dejar por escrito, si no desean publicarlo, los muy próximos a Umbral que nos dejen testimonios de esos hechos y datos de la vida de Umbral en los primeros treinta años-. Lo digo porque creo sería bueno para él y su literatura para la posteridad, cosa que tanto le preocupaba, cosa que creo se merece estar al lado de su gran Quevedo y Cervantes y Góngora… y…
Este libro que comentamos. Creo que era necesario que apareciese y alumbrase. Es un conjunto de artículos largos sobre Umbral, tocando y rozando y besando esta cuestión. Artículos de diversos escritores. Hemos oído y leído demasiadas veces, que Umbral sólo es una cáscara, que sólo es retórica, que sólo es imágenes, que sólo es metáforas, que sólo es dandismo retórico. No citaré a tantos autores que he oído esta opinión.
Y, es desde luego todo eso. Es, a veces, pienso que la Generación del 27 pasado a prosa, periodística o diarista o memorias o novelas que son metanovelas. Son experiencia y vivencias. Umbral es la necesidad agónica de escribir y de escritura. Muchas veces, he escrito, a Umbral le salvó la literatura y tener éxito en la literatura. Si no hubiese tenido éxito, no sabemos lo que habría sido de su existencia.
Vuelvo aquí a la necesidad de que por fin se cataloguen cuántos artículos hizo, si veinte mil o treinta mil. Nadie se pone de acuerdo. Es una necesidad para contestar si la prosa de Umbral, también la periodística sólo es cáscara poética, sin nada dentro, o dentro tiene más de lo que pensamos…
No olvidemos la situación sociopolítica del país, en ese momento que empezó a poner letras en periódicos, sea como “redactor” sea como “articulista”, desde El Norte de Castilla hasta llega a Madrid pasando por León. No olvidemos. No olvidemos tampoco que en esa época la cultura se nutría esencialmente de periodismo en papel y de libros en papel. El resto de medios eran secundarios, sean cine, documental, conferencias, etc.
La España de hoy, no es la misma que la España de hace cincuenta años, menos de la España de hace setenta u ochenta años. Pero la Europa de hoy, no es la misma que hace cincuenta o setenta años. He visto, me gusta la fotografía fotos de bodas de países de gran calado económico e industrial de hace setenta años. Y, créanme, no sólo son fotos en blanco y negro, sino que hay mucho blanco y negro en los sujetos y en el ambiente. En la Europa profunda.
No puedo decir que Umbral sea un Sartre, el autor que mezcló y combinó tanto la literatura y la filosofía. Ni un Ortega y Gasset, ni un Unamuno que hizo lo mismo. Además los tres con formación filosófica académica. Pero no podemos aceptar y pensar que Umbral su literatura es una cáscara sin nada dentro. Lo he oído muchas veces, en muchas grandes personas de la cultura y de la literatura, y, creo que es erróneo…
Para terminar diré dos razones: Primero, Umbral era una persona inteligente. Que había leído y leía mucho. Por tanto, tendría que aprender por necesidad. Segundo, Umbral escribió mucho, mucha prosa en varios géneros, y, mucha prosa en periodismo de opinión. El que hace veinte mil artículos, al menos veinte mil artículos, tiene que tocar todos tipos de temas y con distintas estéticas, es decir, con distintos contenidos, más formales o más materiales…
También el periodismo, lo olvidamos está influido mucho por las empresas que encargan los artículos, no es lo mismo una revista de moda o de humor o sobre un tema o sobre otro, que un periódico de tipo generalista. El escritor y escribiente y escribano tiene que plasmar la realidad que toca de distinto modo… porque también hay distinto público lector. No es lo mismo, se dice en el mundo taurino la Plaza de las Ventas que la Maestranza o la de Ronda o la de la Malagueta o la de Pamplona o la Chata. Cito el mundo taurino, ahora que nadie lo hace.
Lean este libro, y, creo que quitaremos esa máscara de Umbral. Cierto que muchos lectores y lectoras bebían de sus aguas, por la belleza y la retórica. También es cierto: Que Umbral, lo he dicho no era un Sartre, ni un Camus, ni un Ortega, ni un Unamuno en cuanto a su sustrato filosófico. Menos un Hegel, ni un Kant, ni un Schopenhauer, ni un Nietzsche, ni un Marcuse… es cierto.
¡Pero usted tampoco lo es, ni este escribidor tampoco…!
Jmm Caminero