EFE | Con el semblante roto por las largas horas de incertidumbre, los familiares de las víctimas de la explosión producida durante el intento de robo masivo de gasolina el pasado viernes deambulan por los hospitales y funerarias del estado mexicano de Hidalgo en busca de cuerpos calcinados.
Familias enteras recorren los hospitales con la esperanza de que sus allegados estén heridos, mientras que otros con menos confianza se amontonan en el exterior de las funerarias con el temor de que sus familiares sean uno de los 73 muertos contabilizados oficialmente hasta ahora.