EFE | El
29 de marzo de 2017, un grupo de eurodiputados británicos eurófobos
descorchaba una botella de cava en un bar irlandés de Bruselas y sacaba
dos tartas con velas con el número 50: el mismo artículo del tratado de
Lisboa que el Reino Unido acababa de activar para abandonar la UE
después de 44 años.
Una carta de la entonces casi recién llegada primera ministra, Theresa
May, dio el pistoletazo de salida a unas negociaciones que deberían
haber concluido hoy, dos años después, pero que se encallaron en asuntos
clave, como la frontera en la isla de Irlanda, y han acabado
prorrogándose hasta, al menos, el próximo 12 de abril.
Londres pasará este 29 de marzo, que durante mucho
tiempo estuvo marcado en los calendarios de ambas orillas del Canal de
la Mancha como el día del divorcio, votando por tercera vez un acuerdo
de salida que ha roto la política británica y causado divisiones en los
dos grandes partidos del país.
"La discusión nunca
fue mucho sobre el futuro del Reino Unido, sino sobre quién ganará
dentro de los partidos y quién se quedará en el poder", diagnostica para
Efe la directora en Bruselas del instituto Bertelsmann Stiftung,
Stefani Weiss.
Para Weiss, el proceso en el Reino
Unido ha mostrado que el país "no era realmente consciente de lo que
significaba" votar por marcharse y también "lo sucia que se puede volver
la democracia cuando entra en juego la desinformación y no se resuelven
problemas, sino que es una lucha de poder entre líderes de partidos".
Todas las rondas de negociación del "brexit" han tenido lugar, no
obstante, en la capital comunitaria, donde se han vivido dos años
también sembrados de conversaciones técnicas, encuentros entre
embajadores, ruedas de prensa a horas intempestivas cuando un plazo
estaba a punto de acabarse y se sellaban avances 'in extremis' y cumbres
en las que los Veintisiete iban validando cada paso del camino.
"Los Veintisiete son muy conscientes de lo que tienen y, de alguna forma, (el 'brexit') ha reforzado la Unión", cree Weiss.
Una vez cerrado el acuerdo de salida que sigue bloqueado en Westminster
y que Bruselas se niega a reabrir, la Unión Europea está impaciente por
mirar hacia delante y dedicar su energía a empresas más productivas,
como la necesaria reforma de la eurozona, la revisión del sistema
europeo de inmigración y asilo y el siempre mentado pero nunca abordado
renacimiento del proyecto europeo.
Weiss cree que el
Reino Unido se quedará "merodeando" por la agenda europea durante un
tiempo haya "brexit" sin o con acuerdo, ya que ante un divorcio a las
bravas habrá que "lidiar con los efectos colaterales" y si la salida es
ordenada deberá negociarse el encaje británico como país tercero en sus
relaciones con la UE.
Según la experta, una de las
lecciones que deja el "brexit" ha sido "mostrar cuán interconectado está
todo en la UE" y cómo casi cualquier ángulo de las legislaciones
nacionales tiene una dimensión europea. El Reino
Unido no tendrá que negociar solo sus futuras relaciones comerciales con
la Unión, que serán protagonistas durante los próximos años, sino su
participación en programas comunitarios, la gestión de los intercambios
de datos o las conexiones de transporte.
Weiss
predice que el Reino Unido seguirá siendo "prominente" en Bruselas por
su condición de "jugador importante" en el tablero europeo, pero apunta a
que muchas de las conversaciones serán de carácter técnico y las
encabezará la Comisión, por lo que las agendas de las cumbres,
"secuestradas" en los últimos años por el "brexit", podrán dedicarse a
otros asuntos. "Tendrán el tiempo para hablar del
futuro de Europa, pero la pregunta es si usarán ese tiempo", advierte
Weiss, que duda de que los países vayan a emprender pronto la necesaria
conversación sobre el futuro del proyecto comunitario.
"Siento que están
reticentes, aunque saben que sería ventajoso para la Unión y que solo
como Unión serán capaces de lidiar con China, Rusia o Estados Unidos".
La experta apunta a que las elecciones europeas del 26 de mayo
"podrían" dar un impulso a este "impás" de ideas sobre cómo avanzar en
la integración europea a Veintisiete, y advierte de que la "encrucijada"
de la que los países llevan años hablando está a la vuelta de la
esquina. Si no se emprende este debate, concluye
Weiss, "la Unión no se romperá, pero no será una Unión que pueda lidiar
con los retos de este siglo".