EFE | El
exdirector de los Mossos Albert Batlle, que dimitió meses antes del 1-O
por su "incomodidad" con la deriva independentista y por temor a las
"presiones" que pudiera recibir, ha blindado al mayor Josep Lluis
Trapero al manifestar que éste no habría aceptado "ninguna intromisión"
por parte del poder político.
Batlle ha sido el último de los 276 testigos que han comparecido ante el
tribunal del "procés" a petición de las acusaciones, ya que esta misma
tarde ha arrancado el turno de la prueba testifical propuesta por las
defensas de los 12 líderes independentistas. El plato fuerte de la jornada ha sido el exdirector de los Mossos, que
ha respaldado la figura de Trapero, después de que él fuera quien
propusiera al exconseller Jordi Jané que recuperara la figura de mayor
en los Mossos, vacante desde 2007.
"Trapero era muy celoso de las competencias que él tenía cuando
actuaba como policía judicial, no hubiera aceptado de ninguna de las
maneras ninguna intromisión por parte del poder político", ha subrayado
Batlle, que ha resaltado la "sintonía" que tuvo con el mayor y con la
Prefectura de los Mossos durante aquella época.
Con la llegada de Joaquim Forn a Interior en julio de 2017, Battle
presentó su dimisión, que más allá de motivos personales y familiares
estuvo enmarcada por la "incomodidad" que sentía sobre cómo podían
"evolucionar las cosas", habida cuenta de que la pregunta y la fecha del
referéndum ya habían sido presentadas.
Una incomodidad que era compartida con el conseller Jané ante el
"cariz que tomaban los acontecimientos".
"No solo lo comuniqué sino que
en muchas ocasiones lo compartí con el señor Jané", ha dicho.
Ahora bien, ha dejado claro que no tenía "ninguna duda" de que los
Mossos cumplirían la ley y las órdenes judiciales y de la Fiscalía,
"otra cosa" eran las "presiones" que él podría recibir y que le
afectaban personalmente, más aun cuando había un sector mayoritario en
el Parlament, especialmente la CUP, que pedía su cabeza por sus
discrepancias sobre la función de los Mossos.
También ha testificado la expresidenta de la Asociación de Municipios
por la Independencia (AMI), Neus Lloveras, que llegó a estar imputada
en la causa, para desmarcar a la plataforma de la organización del 1-O. Al respecto, ha explicado que la asociación no pidió a los
ayuntamientos adheridos que cedieran locales públicos para las
votaciones, sino que únicamente realizaron "una manifestación pública,
sin ningún efecto jurídico, de apoyo al referéndum".
Fue el Govern y no la AMI el que pidió a los consistorios que
cedieran locales, de la misma forma que la Delegación del Gobierno hizo
lo mismo pero en sentido contrario al Ejecutivo catalán.
La declaración de Joan Ignasi Elena, que fue portavoz del Pacto
Nacional por el Referéndum, se ha limitado a señalar lo que ya era
conocido sobre esta plataforma destinada a "crear un espacio" con la
"máxima pluralidad" posible de organizaciones y partidos, que
"compartían un mismo deseo para celebrar un referéndum acordado".
Y ante cualquier sospecha de malversación, Elena, que ejerce de
portavoz de ERC en el juicio, ha negado que el Pacto recibiera fondos
públicos para financiar sus actividades, ya que "se cuidó muy mucho de
que todas las aportaciones fueran de la mano de las entidades y los
ciudadanos".
Ya por la tarde, los primeros testigos de las defensas han centrado
sus intervenciones en la concentración del 20S en Economía, primero con
Jordi Solé, eurodiputado de ERC que fue testigo directo de los hechos, y
Anna Teixidó, jefa de protocolo de la Consellería. Solé ha rebajado el tono de lo ocurrido aquel día.
"No vi ninguna
amenaza, ninguna agresión, no vi ninguna situación de especial tensión",
ha dicho, salvo un episodio que duró "un par de minutos" cuando la
Guardia Civil sacó a un detenido y un grupo de gente les increpó e
incluso alguno dio golpes al coche.
Pero eso, ha matizado, "fue puntual y no reflejaba el tono general de
la protesta". Su versión contrasta con la que dio el responsable del
operativo de Economía, quien afirmó que se vivió un "ambiente muy
agresivo" con riesgo de asalto, intento de "sustraer" a un detenido,
"rabia descontrolada", amenazas de muerte y "lluvia de golpes" a los
coches de la Guardia Civil.
Teixidó, presente en el Departament hasta las tres de la mañana,
asistió a algunas reuniones, como en la que se planteó la posibilidad de
desconvocar la concentración, en la que los Jordis -Sànchez y Cuixart-
dudaron de si eran "referentes para la gente" congregada. Finalmente, lo
hicieron desde encima de los vehículos de la Guardia Civil.
De lo que no fue testigo es de ningún intento de asalto al edificio,
pero sí de cuando Jordi Sànchez, de quien le sorprendió su rol de
interlocutor, ofreció que el exdiputado Lluis Llach acompañara a la
secretaria judicial para salir del edificio por la puerta principal, una
opción descartada de plano por la letrada y la Guardia Civil.
EFE | El
exdirector de los Mossos Albert Batlle, que dimitió meses antes del 1-O
por su "incomodidad" con la deriva independentista y por temor a las
"presiones" que pudiera recibir, ha blindado al mayor Josep Lluis
Trapero al manifestar que éste no habría aceptado "ninguna intromisión"
por parte del poder político.
Batlle ha sido el último de los 276 testigos que han comparecido ante el
tribunal del "procés" a petición de las acusaciones, ya que esta misma
tarde ha arrancado el turno de la prueba testifical propuesta por las
defensas de los 12 líderes independentistas. El plato fuerte de la jornada ha sido el exdirector de los Mossos, que
ha respaldado la figura de Trapero, después de que él fuera quien
propusiera al exconseller Jordi Jané que recuperara la figura de mayor
en los Mossos, vacante desde 2007.
"Trapero era muy celoso de las competencias que él tenía cuando
actuaba como policía judicial, no hubiera aceptado de ninguna de las
maneras ninguna intromisión por parte del poder político", ha subrayado
Batlle, que ha resaltado la "sintonía" que tuvo con el mayor y con la
Prefectura de los Mossos durante aquella época.
Con la llegada de Joaquim Forn a Interior en julio de 2017, Battle
presentó su dimisión, que más allá de motivos personales y familiares
estuvo enmarcada por la "incomodidad" que sentía sobre cómo podían
"evolucionar las cosas", habida cuenta de que la pregunta y la fecha del
referéndum ya habían sido presentadas.
Una incomodidad que era compartida con el conseller Jané ante el
"cariz que tomaban los acontecimientos".
"No solo lo comuniqué sino que
en muchas ocasiones lo compartí con el señor Jané", ha dicho.
Ahora bien, ha dejado claro que no tenía "ninguna duda" de que los
Mossos cumplirían la ley y las órdenes judiciales y de la Fiscalía,
"otra cosa" eran las "presiones" que él podría recibir y que le
afectaban personalmente, más aun cuando había un sector mayoritario en
el Parlament, especialmente la CUP, que pedía su cabeza por sus
discrepancias sobre la función de los Mossos.
También ha testificado la expresidenta de la Asociación de Municipios
por la Independencia (AMI), Neus Lloveras, que llegó a estar imputada
en la causa, para desmarcar a la plataforma de la organización del 1-O. Al respecto, ha explicado que la asociación no pidió a los
ayuntamientos adheridos que cedieran locales públicos para las
votaciones, sino que únicamente realizaron "una manifestación pública,
sin ningún efecto jurídico, de apoyo al referéndum".
Fue el Govern y no la AMI el que pidió a los consistorios que
cedieran locales, de la misma forma que la Delegación del Gobierno hizo
lo mismo pero en sentido contrario al Ejecutivo catalán.
La declaración de Joan Ignasi Elena, que fue portavoz del Pacto
Nacional por el Referéndum, se ha limitado a señalar lo que ya era
conocido sobre esta plataforma destinada a "crear un espacio" con la
"máxima pluralidad" posible de organizaciones y partidos, que
"compartían un mismo deseo para celebrar un referéndum acordado".
Y ante cualquier sospecha de malversación, Elena, que ejerce de
portavoz de ERC en el juicio, ha negado que el Pacto recibiera fondos
públicos para financiar sus actividades, ya que "se cuidó muy mucho de
que todas las aportaciones fueran de la mano de las entidades y los
ciudadanos".
Ya por la tarde, los primeros testigos de las defensas han centrado
sus intervenciones en la concentración del 20S en Economía, primero con
Jordi Solé, eurodiputado de ERC que fue testigo directo de los hechos, y
Anna Teixidó, jefa de protocolo de la Consellería. Solé ha rebajado el tono de lo ocurrido aquel día.
"No vi ninguna
amenaza, ninguna agresión, no vi ninguna situación de especial tensión",
ha dicho, salvo un episodio que duró "un par de minutos" cuando la
Guardia Civil sacó a un detenido y un grupo de gente les increpó e
incluso alguno dio golpes al coche.
Pero eso, ha matizado, "fue puntual y no reflejaba el tono general de
la protesta". Su versión contrasta con la que dio el responsable del
operativo de Economía, quien afirmó que se vivió un "ambiente muy
agresivo" con riesgo de asalto, intento de "sustraer" a un detenido,
"rabia descontrolada", amenazas de muerte y "lluvia de golpes" a los
coches de la Guardia Civil.
Teixidó, presente en el Departament hasta las tres de la mañana,
asistió a algunas reuniones, como en la que se planteó la posibilidad de
desconvocar la concentración, en la que los Jordis -Sànchez y Cuixart-
dudaron de si eran "referentes para la gente" congregada. Finalmente, lo
hicieron desde encima de los vehículos de la Guardia Civil.
De lo que no fue testigo es de ningún intento de asalto al edificio,
pero sí de cuando Jordi Sànchez, de quien le sorprendió su rol de
interlocutor, ofreció que el exdiputado Lluis Llach acompañara a la
secretaria judicial para salir del edificio por la puerta principal, una
opción descartada de plano por la letrada y la Guardia Civil.