EFE | Las
personas que ejercen su profesión con mucha implicación y de manera
vocacional son quienes tienen mayor riesgo de verse afectadas por el
"burnout" o síndrome de quemarse por el trabajo, un proceso crónico que
puede llevarles a sufrir depresión y problemas psicosomáticos que
precisen una baja laboral.
Así lo asegura en una entrevista con Efe el catedrático de Psicología
Social y de las Organizaciones de la Universitat de València (UV) Pedro
Gil-Monte, quien subraya la importancia de que la Organización Mundial
de la Salud (OMS) considere ya el "burnout" un problema de salud
vinculado al empleo y el paro. "Esto supone un giro de 180 grados", afirma el doctor en Psicología,
que añade que puede contribuir a que en España se replantee la entrada
de este síndrome en el cuadro de enfermedades profesionales, ya que en
la actualidad está tipificado como "accidente laboral".
Gil-Monte, que dirige la Unidad de Investigación Psicosocial de la
Conducta Organizacional de la UV, señala que si se llama a este problema
"síndrome del trabajador quemado", como se ha popularizado, se
culpabiliza a la persona de la situación, cuando desarrolla la
enfermedad por "unas condiciones laborales que no son adecuadas".
"No es la persona la culpable de que eso ocurra, sino unas
condiciones de trabajo que no son saludables", indica para explicar que
este síndrome es "una respuesta al estrés laboral crónico, de tipo
interpersonal y emocional, que sufren los profesionales que trabajan
hacia otras personas".
Afecta a entre un 10 o 12 % de profesionales, de forma más grave a un
5 %, especialmente a aquellos que están en contacto diario con personas
problemáticas o muy demandantes emocionalmente, como trabajadores
sociales, funcionarios de prisiones, cuidadores de personas
dependientes, educadores o profesionales de la Enfermería.
Según Gil-Monte, estos profesionales, más que tener empatía con las
personas que atienden, algo que les permite desconectar y distanciarse,
"tienen implicación, comparten el problema como si fuera suyo y lo viven
emocionalmente. Ese es uno de los factores que pueden desencadenar el
síndrome".
Esta afectación puede identificarse por la aparición progresiva de
bajos de niveles de ilusión y motivación por el trabajo o la percepción
de que no se es capaz de hacer cosas que antes sí que podía hacer, y se
acompaña de un "fuerte desgaste emocional y psíquico" por la relación
"emocionalmente intensa" que tiene con las personas a las que atiende.
Un tercer síntoma son las "actitudes de despersonalización o
indolencia", que les lleva a tener un "trato frío, cínico y distante
hacia las personas que asisten, al considerarlas culpables de lo que le
está ocurriendo", explica el experto. En algunos profesionales también aparece el "sentimiento de culpa"
por la sensación de que "está haciendo mal su trabajo", algo que suele
ocurrir a quienes están "muy comprometidos e implicados con su
profesión, que asumen su rol laboral con ilusión porque tienen
vocación".
Gil-Monte explica que se han determinado dos perfiles de gravedad: el
primero, el de quienes desarrollan los tres primeros síntomas (baja
ilusión por el trabajo, desgaste psíquico e indolencia), pero que
afrontan el problema distanciándose y decidiendo que solo van a trabajar
para cobrar a fin de mes.
"Ese sería un perfil de 'burnout' que es dañino para las
organizaciones pero no para las personas porque les protege", aclara el
doctor en Psicología, que añade que el segundo perfil de gravedad "sí
que lesiona a las personas, que desarrollan sentimiento de culpa y de
remordimiento y, como forma de manejarlos, se implican aún más en su
trabajo y entran en un ciclo de culpa crónica". Esto lleva a la aparición de problemas como "depresión clínica,
problemas psicosomáticos, trastornos de sueño o crisis de ansiedad, que
les lleva a precisar una baja laboral".
A su juicio, este síndrome no está bien diagnosticado y suele
tratarse como una depresión, pero tras tratarse con antidepresivos se
vuelve a caer, cuando la solución al mismo es "un buen diagnóstico y un
buen tratamiento". "Haciendo buenos diagnósticos no se dispararían las bajas laborales,
porque los afectados están implicados y comprometidos con su trabajo,
les gusta hacerlo, no quieren escaquearse", advierte.
Aunque en los años 50 se hablaba de este síndrome, desde los 70 en
Estados Unidos y los 90 en Europa "se ha disparado" por los cambios en
las condiciones sociales, económicas y tecnológicas. "Al haber menos trabajadores, las cargas de trabajo se incrementan,
hay más quejas y agresiones, y los trabajadores están solos. Hoy en día,
trabajar de cara al público es muy complejo", asegura para añadir que
la situación de España "no es muy diferente" a la de otros países
europeos.
Recuerda que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995 señala
que los riesgos psicosociales son "riesgos laborales que tienen que ser
evaluados y manejados igual que los riesgos químicos y ergonómicos".