EFE | Lentillas,
bolsas sanguíneas, jeringuillas, prótesis... El plástico lo impregna
todo en la vida, pero la idea de erradicarlo como opción salomónica para
evitar que siga llegando a toneladas al mar es inviable porque en
muchos productos básicos ese material es insustituible, según
científicos consultados por Efe.
Las propiedades del plástico (baja densidad, impermeabilidad,
resistencia a la corrosión...) y su rendimiento a bajo coste han
favorecido su rápida expansión productiva en los últimos cincuenta años a
todo tipo de áreas: desde la sanidad hasta la construcción, protección
civil, emergencias y muchas otras.
La lista de artículos que contienen plástico total o parcialmente es
interminable: lentillas, lentes de gafas, audífonos, prótesis, órganos
artificiales, catéteres, máscaras de oxígeno, guantes desechables,
pañales, productos de higiene femenina, sistemas de abastecimiento y
saneamiento de aguas, cinturones de seguridad, airbag, cascos, chalecos
salvavidas.
Hoy en día ciertos productos no podrían existir sin el plástico,
según los expertos. Por ejemplo, las palas gigantes de los
aerogeneradores (requieren gran tamaño y resistencia pero a la vez
ligereza); las tarjetas de memoria sim o de crédito; los CD, discos de
vinilo, lentes de contacto, bolsas de sangre, explican los expertos.
De acuerdo a los datos, en 2017 la producción de plástico a
nivel mundial fue casi 350 millones de toneladas -de las cuales casi 65
millones correspondieron a Europa- aunque los expertos estiman que a lo
largo de las dos próximas décadas las cantidades se doblen.
Según
PlasticsEurope, la asociación que representa a la mayoría de
productores europeos de materia prima plástica, solo en Europa el sector
del plástico emplea directamente a más de 1,5 millones de personas en
más de 60.000 empresas (la mayoría pymes) y el volumen de negocio supera
los 350.000 millones de euros. En el caso de España, la
industria involucra a más de 4.000 empresas que generan más de 120.000
empleos directos y un negocio en torno a 30.000 millones de euros.
Los problemas del plástico
El
problema es que una gran cantidad de plástico acaba en mares y océanos
por el mal uso o gestión del residuo, causando serios daños
medioambientales, lamentan los expertos. Según estimaciones, cada
año llegan al océano entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico
(aproximadamente del 1,5 al 4 por ciento de la producción global). El 95
% de la basura marina del mundo proviene de una decena de ríos de fuera
de Europa, dos de ellos en África y ocho en Asia.
En Europa este
material no representa ni el 1 % de las basuras marinas mundiales,
mientras en 2016 se recogieron más de 8,4 millones de toneladas de
residuos plásticos en esta región para ser reciclados. Otro problema del plástico está relacionado con su origen;
al provenir del petróleo, el carbono acumulado durante millones de años
en un residuo fósil se moviliza a la atmósfera como consecuencia del
ciclo de vida de los plásticos y da lugar a un aumento en las emisiones
de CO2 impactando en el calentamiento global del planeta.
El
culpable no es el material plástico en sí, sino su origen y los residuos
mal gestionados o abandonados, advierten los científicos tras reclamar
mayor concienciación y educación sobre el uso de este material y sus
residuos, además de medidas efectivas para transformarlo. Al mar
llegan principalmente residuos postconsumo por deficiencias en
vertederos u otros sistemas, o porque la gente los tira y abandona
indiscriminadamente en el medio ambiente. “Es inaceptable que los
plásticos o cualquier otro residuo acaben en los océanos”, asegura a Efe
el químico Ignacio Marco, director general para Iberia de
PlasticsEurope.
En esa línea se manifiesta también a Efe la biotecnóloga del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Auxiliadora Prieto,
además coordinadora de la plataforma recién lanzada Susplast -que
integra a 15 grupos de investigación de 8 institutos de esa entidad
científica- para abordar de forma multidisciplinar el problema del
plástico y buscar soluciones en el marco de la estrategia europea de
economía circular.
“Hay que ser realistas”, asegura la
científica. “Nuestro estilo de vida no permite prescindir totalmente de
este material”, aunque, por supuesto, hay que reducir su consumo en lo
posible, sobretodo en el material de un solo uso, y utilizarlo de forma
más eficiente con una mejor gestión de los residuos para su
reutilización sin dañar el medio ambiente.
Los polímeros
plásticos de base biológica o bioplásticos producidos a partir de
residuos industriales y municipales son una opción que permitiría
utilizar fuentes renovables, pero todavía no pueden aplicarse en todos
los sectores porque su producción está en fase de investigación y
desarrollo en la mayoría de los casos. De hecho, las previsiones
apuntan a una producción de plástico de base biológica en 2023 que
superará los 2,6 millones de toneladas frente a los 2,1 millones en
2018.
Las opciones de reciclado
Cuando
un producto plástico concluye su primera vida útil -que puede superar
incluso los cien años en el caso de las tuberías de suministro de agua
potable-, lo vital es transformarlo en otro material, otra materia prima
o en el peor de los casos en una fuente de energía alternativa mediante
incineración.
La innovación será crucial, según los expertos
para desarrollar nuevas tecnologías que permitan diseñar procesos
sostenibles en su producción y aumentar las posibilidades del reciclado
tanto mecánico, como químico, como biotecnológico aunque este último
todavía está en fase de investigación; en todos los casos, se trata de
revalorizar los residuos plásticos para convertirlos en otros
productos.