EFE | Tras
cuatro meses de sesiones, el juicio a la cúpula del "procés" llega esta
semana a su fin con dos sesiones programadas en las que el Tribunal
Supremo escuchará los argumentos exculpatorios de las defensas de los
doce acusados, que volverán a tomar la palabra antes de que se dicte el
visto para sentencia.
El próximo miércoles, según el calendario
inicial, la Sala volverá a escuchar al exvicepresidente de la
Generalitat Oriol Junqueras, que previsiblemente como el resto de sus
compañeros de banquillo, hará uso de su derecho a la última palabra en
un alegato a su inocencia que pronunciará en castellano, salvo cambios
de última hora, según indican a Efe fuentes jurídicas.
Será la segunda y última vez que se les vuelva a escuchar
en el juicio una vez practicada toda la prueba y escuchados los
argumentos finales de defensas y acusaciones. Pero en esta ocasión
tendrán un límite de tiempo: 15 minutos por acusado, que problamente
muchos de ellos agotarán.Un cuarto de hora en el que
tratarán de condensar todo aquello que quieren dejar claro al tribunal
antes de que se siente a dictar sentencia.
Es la
última baza de los doce encausados, que previsiblemente insistirán en
que lo que ocurrió en Cataluña responde al ejercicio legítimo de
protesta, en que jamás contemplaron la violencia como método para
alcanzar sus objetivos y en que la proclamación de independencia fue
simbólica, sin olvidar destacar que nunca gastaron un euro público para
ello.
Nueve se encuentran en prisión preventiva
acusados de rebelión agravada con malversación por la Fiscalía, que pide
entre 16 y 25 años de cárcel, y de sedición y malversación por la
Abogacía, que rebaja sus penas a entre 8 y 12 años. Los otros tres
acusados en libertad se enfrentan a una condena de 7 años por
malversación y desobediencia.Pero antes que ellos
será el turno de sus defensas, que expondrán sus informes finales, en
los que tratarán de contrarrestar las tesis acusatorias esgrimidas la
semana pasada por la Fiscalía, la Abogacía del Estado y Vox.
Tienen
una hora por acusado, según acordaron previamente con el tribunal, una
decisión por la que protestaron algunas defensas al señalar que les
parecía injusta, toda vez que la Fiscalía había usado buena parte de sus
cuatro horas en argumentar la rebelión sin individualizar apenas en los
encausados. No entienden cómo, después de haberles
emplazado durante jornadas al informe final cuando intentaban argumentar
algunos aspectos en la fase testifical, ahora el tribunal les limita
así el tiempo.
Previsiblemente, la mayoría de ellos
agotarán su tiempo como hicieron las acusaciones, aunque es probable que
el juez Marchena no sea tan estricto como lo fue con ellas después de
prometerles que sería "flexible". Si la semana pasada
el juicio se centró en la ruptura del orden constitucional en Cataluña a
través de la violencia, según expuso la Fiscalía, esta a buen seguro
pivotará entre el cuestionamiento de un procedimiento que algunas
defensas consideran injusto desde el principio y la denuncia por lo que
estiman que es vulneración de los derechos políticos y de manifestación.
Otros
abogados probablemente bajarán más al barro para combatir jurídicamente
la ausencia de los requisitos para que se dé el delito de rebelión, o
la falta de pruebas necesarias para que se pueda condenar por
malversación a los nueve miembros del Govern de Carles Puigdemont
sentados en el banquillo. Argumentos que se verán
eclipsados cuando el miércoles, uno a uno, los doce se levanten del
banquillo de los acusados en la que será su última oportunidad de
defensa frente al tribunal. Después, el salón de plenos del Supremo
echará el cierre y el juicio quedará visto para sentencia.