EFE | El
área desforestada ilegalmente en la Amazonía brasileña creció un 88,4 %
en junio respecto al mismo mes del año anterior, según las últimas
estimativas del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe)
actualizadas este miércoles.
De acuerdo con la proyección del Instituto, que capta datos mensuales a
través de un sistema de alertas de alteraciones en la cobertura forestal
de la Amazonía, la deforestación ilegal se extendió en junio por 920
kilómetros cuadrados, frente a los 488,4 kilómetros cuadrados
registrados en el mismo mes del año anterior.
Sin embargo, los datos consolidados solo serán divulgados por la entidad a partir de octubre.
Es la primera vez que la deforestación crece durante dos meses
consecutivos desde la llegada a la Presidencia del ultraderechista Jair
Bolsonaro, en el poder desde el pasado 1 de enero y quien se ha mostrado
favorable de una flexibilización de las reglas ambientales en el país.
Sin embargo, en meses anteriores, como abril o marzo de 2019, la
detección de áreas desforestadas se redujo un 49,4 % y 29,5 %,
respectivamente.
Expertos consultados por Efe
explicaron que, por tratarse de un informe "rápido" que actúa como un
"teléfono de urgencias" de la Amazonía, los datos pueden verse alterados
por factores meteorológicos o incluso por la precisión tecnológica.
"Es un sistema que detecta cada mes las alertas de deforestación y
sirve como un teléfono de urgencias del crimen ambiental, pues notifica
el Gobierno de las áreas donde se sospecha de una deforestación ilegal",
señaló a Efe el coordinador de políticas públicas de Greenpeace, Marcio
Astrini.
Pese a que se tratan de números todavía no
consolidados, Astrini subrayó que, "de cualquier manera, es una
situación gravísima", porque evidencia que Brasil está "en la dirección
contraria" de mantener los compromisos de conservación ambiental que ha
asumido. El coordinador opinó que las políticas
ambientales del Gobierno actual "tienen una relación directa" con la
tendencia alcista de la deforestación, ya que "en diversas ocasiones el
presidente Bolsonaro y el Ministerio de Medio Ambiente se manifestaron
contra las personas e instituciones que combaten el crimen ambiental".
"Es un Gobierno que incentiva la deforestación en el discurso y, en la
práctica, crea una serie de normas y reglas que disminuyen la capacidad
del Estado de combatir el crimen ambiental", recalcó.
Recordó que el año pasado, bajo el Gobierno de Michel Temer, Brasil
experimentó un incremento del 14 % en la deforestación ilegal y alcanzó
su mayor nivel para toda una década.
"Por eso es tan
preocupante que los datos preliminares de junio apunten un alza con
respecto al año pasado, simplemente porque el año pasado es una pésima
referencia", sostuvo.
En la misma línea, el director
de justicia socio-ambiental de WWF Brasil, Raúl Valle, expresó a Efe que
Brasil viene aumentando "constantemente" el área de deforestación desde
2012, pero la situación se agravó sobre todo a partir del año pasado
con las políticas ambientales de Temer, que "han facilitado la
privatización de tierras públicas y han incentivado la deforestación
ilegal" como medio de "reivindicar el derecho sobre la propiedad".
Según Valle, el "mensaje" del Gobierno Bolsonaro "fortalece" la idea de
que "ya no habrá el mismo rigor a la hora de fiscalizar y castigar los
crímenes ambientales".
"De hecho, un 40 % de las
alertas de deforestación ilegal este año se han producido en áreas
protegidas, en tierras indígenas y de conservación, mientras que en los
cinco primeros meses de este año, las multas aplicadas disminuyeron un
30 %", avaló el director. "La ilegalidad en la
Amazonía siempre ha sido grande, pero ahora los grupos ilegales ven las
declaraciones y actos del Gobierno como una señal de que pueden avanzar
más y no serán retenidos", sentenció Valle.
Desde su
campaña para las elecciones del pasado octubre, Bolsonaro se ha mostrado
favorable de una mayor flexibilización de las políticas ambientales
brasileñas.
Los controvertidos posicionamientos del presidente brasileño han causado polémica en la comunidad internacional.
Mientras que algunos países, como Estados Unidos, han alabado a
Bolsonaro, otros, como Francia o Alemania, han rechazado la agenda
ecológica del ultraderechista.