EFE | A
47 días de las elecciones, el PSOE marca diferencias, arremete contra
la izquierda de Unidas Podemos y la derecha de PP y Cs y se presenta
como el partido del orden, capaz de garantizar estabilidad, atraer el
voto moderado y ganar la confianza de los abstencionistas.
Queda lejos la campaña electoral del 28 de abril, cuando se enfrentaban
dos bloques: uno de izquierdas que se ofrecía a frenar al trío de la
Plaza de Colón (PP, Cs y Vox), y el propio trío que renegaba de fotos en
las que aparecieran juntos pero luego era capaz de acordar y gobernar
en las instituciones.
Ante el nuevo proceso electoral, el PSOE persigue armar
una mayoría parlamentaria y para conseguir esos votos que permitan
formar con holgura un gobierno progresista, mira al centro y en concreto
al segmento más a la izquierda de Cs, el partido que, según los
sondeos, tiene menos fidelidad de voto. Y aquí está la pelea, en persuadir y convencer a esos votantes moderados que dudan entre votar Cs, PSOE o abstenerse.
En una carta a la militancia, el propio Pedro Sánchez ahonda en la idea
de que sólo el PSOE es capaz de vertebrar un gobierno de progreso,
carga contra el grupo confederal de Unidas Podemos y contra "las
derechas" que "frustraron" los resultados de 28 de abril y se erige como
la "izquierda moderada" y "reformista", que combate la injusticia "sin
embarcarse en aventuras".
En una misiva difundida el
pasado fin de semana, Sánchez pide a los suyos que muestren la carta a
"familiares, amigos y compañeros" para hacer correr la voz: "Llevemos
nuestras idea y razones a todas partes" a fin de extender el mensaje de
que "sólo hay un voto capaz de dar lugar a un gobierno de progreso".
En esta tesitura, el Partido Socialista da por hecho que por la
izquierda hay poco que rascar, centra la campaña en atacar la figura de
Pablo Iglesias y ofrecerse como partido transversal, con un programa
fortalecido y como garantía de progreso. Ante esta
lucha por ganar espacio electoral, la irrupción del partido de Íñigo
Errejón preocupa en los círculos internos de PSOE ya que de presentarse
podría "complicar" el escenario, aunque creen que, en todo caso, podría
afectar más al ámbito electoral de Unidas Podemos.
Otro asunto que analizan los socialistas es cómo podría influir en los
resultados del 10N la hipotética presentación de la coalición España
Suma (PP, Cs e incluso Vox). Parece que la supuesta
entrada en el panorama electoral de esta alianza de la derecha podría
beneficiar al PSOE que entiende que "la suma de partidos, puede hacerles
restar". Según las fuentes consultadas, muchos
votantes de Cs rechazan al PP y mucha gente del PP, no tiene simpatía
por los de Rivera y está más próxima a Vox.
Por tanto, dicen, "la suma
de partidos no hace que uno más uno sean dos, y a lo mejor dos más dos
son tres". En declaraciones a EFE, el politólogo del
CSIC José Fernández Albertos también cree que el PSOE quiere consolidar
la "luna de miel" tras el 28A pero ahora se enfrenta al descontento de
una parte de la izquierda, "difícil de gestionar".
Sobre una "balsa" de votantes que esté optando entre Cs y PSOE,
Fernández Albertos admite que aunque exista, "no es enorme en términos
electorales".
También se pregunta en qué medida la
apuesta del PSOE por seducir al votante descontento de Cs, puede
desmovilizar al electorado más de izquierdas que "al fin y al cabo fue
el grueso de la victoria el 28 de abril". A juicio de
Fernández Albertos, este es el dilema, cómo compaginar ser un partido
de orden frente al caos del multipartidismo y mantener a los votantes
más a la izquierda.
Y recuerda que la historia
constata que cuando la izquierda se desmotiva, gana la derecha y está
por ver en qué manera el hecho de que el PSOE "no supo o no pudo"
acordar una investidura, se traduce en "distanciamiento y desafección".