BARCELONA | Pere
Aragonès cumple hoy un año desde que fue investido president,
un primer tramo de legislatura en el que desde el Gobierno catalán
destacan los pactos basados en la "geometría variable", combinados con
avances lentos en el despliegue del plan de gobierno y una mesa de
diálogo aparcada por el caso de espionaje.
El próximo martes está previsto que el presidente de la Generalitat comparezca en rueda de
prensa en la sede del Govern para hacer balance de su primer año al
frente del cargo, una etapa que, según fuentes cercanas al president, se
valora positivamente, aunque no se haya avanzado "todo lo deprisa" que
se habría querido.
Desde el entorno del mandatario catalán se considera que las cuatro
"transformaciones" que anunció en su investidura -social, feminista,
democrática y verde- han arrancado satisfactoriamente e incluso se
atreven a cifrar el grado de cumplimiento en más de un 30 %, en base al
análisis de una aplicación digital que estará disponible próximamente
para toda la ciudadanía.
"Todo cuesta, pero los avances
van en la línea de lo esperado", remarcan dichas fuentes, que creen que
el índice de cumplimiento está "muy por encima" del que correspondería
al primer año de un gobierno, más aún ante todas las dificultades
sobrevenidas. Si el ejecutivo catalán esperaba hace un año un escenario de
disminución paulatina del impacto de la pandemia, recuperación económica
y distensión con el Estado, el contexto ha sido muy distinto: dos
últimas olas inesperadas de coronavirus, estallido de la guerra en
Ucrania y un caso de espionaje a independentistas que ha volado los
puentes con la Moncloa.
La mesa de diálogo, que debía ser uno de
los puntales de la estrategia de Aragonès, se encuentra ahora en el
refrigerador, en pausa y con la incógnita de si volverá a reactivarse y
cuándo lo hará. Fuentes del Govern admiten que aspiraban a llegar
más lejos en las negociaciones -"ha sido todo más lento de lo que
esperábamos", dicen- y, a pesar de que ha habido más "conversaciones que
nunca" entre los equipos de ambos presidentes, dichas fuentes reconocen
que el primer año de diálogo "no ha sido satisfactorio". "Necesitamos
resultados públicos", avisan con vistas al futuro.
A las crisis ya habituales entre ERC y JxCat se han sumado la falta
de entendimiento con la CUP y su negativa a apoyar los presupuestos.
"Nos hemos sentido muy solos", admiten desde el círculo cercano al
president, tanto al afrontar el proceso de diálogo con el Estado -JxCat
se descolgó de la mesa- como en otras cuestiones clave.
Por ello,
Aragonès ha desplegado una "geometría variable", basada en acuerdos
diversos en función del momento: se cerró un pacto de investidura con la
CUP, se aprobaron los presupuestos con En Comú Podem y se desbloqueó la
renovación de distintos órganos estatutarios con el PSC de Salvador
Illa. "Vienen bastantes años de llegar a acuerdos con todo el
mundo, no solo en esta legislatura", augura un cargo de confianza del
presidente, que avanza que ya se está trabajando en los próximos
presupuestos, con la CUP como socio prioritario por delante de los
comunes, con los que también se conversará.
Uno de los principales retos que se marcó Aragonès a su llegada al
Palau de la Generalitat, apuntan fuentes del círculo presidencial, fue
"recuperar la institucionalidad", tras un mandato de Quim Torra en el
que "la defensa de la institución no había sido la prioridad". Había
que romper inercias, explican, dejar atrás una etapa marcada por el
exceso de simbolismo -Torra fue inhabilitado por no retirar una pancarta
del balcón del Palau en periodo electoral y no ocupó nunca el despacho
de su antecesor, Carles Puigdemont- y que el president dejara de
dirigirse solo al independentismo, para pasar a hacerlo a la "Cataluña
entera", uno de los lemas de Aragonès.
Entre las políticas
desplegadas, destacan la lucha feminista -"por primera vez bandera de un
gobierno catalán" con la consellera Tània Verge al frente y el reparto
de copas menstruales en escuelas o la lucha contra la presión estética- y
políticas sociales como la renta básica universal, la gratuidad de la
enseñanza de 0 a 3 años o la disminución de ratios en las aulas.
Ha habido, eso sí, contestación social al adelanto del calendario
escolar, que ha llevado a la huelga a una comunidad educativa que pidió
la dimisión del conseller de Educación, Josep Gonzàlez-Cambray. En
contraste con el balance que desde ERC hacen de este primer año, el
informe que prepara JxCat sobre el grado de cumplimiento del acuerdo de
coalición puede arrojar un resultado más crítico, sobre todo por el
estancamiento del proceso independentista. EFE