PORTUGAL / AKIRA NUÑEZ | Portugal entra en la última semana de campaña antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 8 de febrero, en un escenario marcado por la incertidumbre, la movilización del electorado y una fuerte atención mediática.
A once días de la votación decisiva, el país vive un momento político de alta intensidad.
Tras la primera vuelta del pasado 18 de enero, el socialista António José Seguro y el líder del partido Chega, André Ventura, se disputarán la Presidencia de la República en un duelo que ha polarizado el debate público y activado a los votantes indecisos.
Durante estos últimos días, ambos candidatos han intensificado sus agendas con actos públicos, entrevistas y mensajes dirigidos a captar el voto de quienes apoyaron a otras candidaturas en la primera vuelta.
Analistas políticos subrayan que el resultado dependerá en gran medida de la participación electoral, tradicionalmente más baja en segundas vueltas, y de la capacidad de cada bloque para ampliar su base de apoyo.
El contexto social añade complejidad a la contienda. El aumento del coste de vida, la preocupación por la estabilidad institucional y el debate sobre el papel del presidente como garante del equilibrio democrático han colocado estas elecciones en el centro de la conversación nacional. Aunque la figura presidencial en Portugal tiene funciones mayoritariamente moderadoras, su influencia política resulta clave en momentos de fragmentación parlamentaria.
Desde Galicia y otras regiones fronterizas, el proceso es seguido con atención por su posible impacto en la cooperación transfronteriza, la relación económica y la proyección internacional de Portugal en los próximos años.
Con la campaña entrando en su tramo final, Portugal se prepara para unos días decisivos que definirán el rumbo institucional del país y pondrán a prueba la capacidad del sistema democrático para canalizar un escenario político cada vez más competitivo.