El jefe de la fuerza de Estados Unidos en Irak, el general David Petraeus, defendió que desde que se incrementaron las tropas en enero ha habido mejoras, pero abogó por hacer regresar a unos 30.000 soldados para la mitad del 2008. En una comparecencia muy esperada, pues se considera determinante para la nueva estrategia de la Casa Blanca en Irak, Petraeus defendió con cifras los logros que se han obtenido desde enero, cuando el presidente George W. Bush decidió incrementar de 130.000 a 160.000 los soldados estadounidenses en Irak. Según dijo, aunque los logros han sido "desiguales", los incidentes violentos se han reducido en los últimos tres meses, hasta el punto de que en las últimas dos semanas se logró el nivel más bajo de violencia desde junio del 2006. Según Petraeus, el aumento de la presencia militar de EE.UU. en Bagdad y en la provincia de Al Anbar, en el oeste de Irak, ha reducido la violencia sectaria y ha permitido "la aparición de un rechazo tribal a Al Qaeda que se ha extendido a otras provincias". Con estos datos como argumento, Petraeus recomendó regresar de forma escalonada a las cifras que había antes de enero, lo que supondría unas quince brigadas de combate, aunque la decisión no se adoptará hasta marzo. La reducción comenzaría con el regreso de una Unidad de Infantería de Marina (unos 2.500 soldados) en las próximas semanas, y otra de combate en diciembre (entre 3.000 y 5.000 militares), a las que se unirán en los siguientes siete meses otras cuatro brigadas de combate y dos batallones de Infantería de Marina. La comparecencia de Petraeus, que ha sido seguida por la del embajador en Irak, Ryan C. Crocker, se produce en un momento de fuertes discusiones en el Congreso, de mayoría demócrata, sobre el futuro de la guerra. Por ello, la propuesta del general podría haber servido para calmar las exigencias demócratas, que exigen un regreso de las tropas, y para satisfacer las republicanas, que respaldan la presencia a largo plazo en el país árabe. Antes de su intervención, varios congresistas demócratas criticaron la estrategia de la Casa Blanca en Irak, que no ha logrado frenar la insurgencia ni ha permitido al Gobierno del país árabe lograr los objetivos políticos marcados. "Ustedes defienden que la victoria está al alcance de la mano, pero no me lo trago", dijo el congresista demócrata Tom Lantos, para quien la guerra de Irak está "restando credibilidad a la ya desacreditada política" estadounidense. El representante demócrata Ike Skelton, de Misuri, que preside el Comité de Fuerzas Armadas, dijo que "el Congreso y la nación están divididos acerca del ritmo con el cual EE.UU. debería transferir la responsabilidad a los iraquíes". "Pero todos los miembros del Congreso desean que se complete nuestra intervención militar en Irak de la forma que mejor preserve la seguridad nacional de nuestro país", añadió. Petraeus aprovechó su intervención, interrumpida en varias ocasiones por gritos de activistas en favor del regreso de las tropas, para defenderse de quien le acusa de presentar un informe escrito al dictado de la Casa Blanca, algo que el mismo negó, al asegurar que lo había redactado de su puño y letra. Esta crítica viene contenida en un anuncio a toda página que ha publicado la organización MoveOn.org en The New York Times, en la que acusa al general de traidor, haciendo un juego de palabras con su apellido ("General Petreaus or General Betray Us"). En su comparecencia, tanto Petraeus como el embajador Crocker defendieron la necesidad de un compromiso a largo plazo de Estados Unidos con Irak, aunque ambos mencionaron el interés de los iraquíes de contar con una nueva fuerza multinacional bajo el mandato de la ONU. El embajador Ryan C. Crocker, por su parte, centró su intervención en las dificultades que atraviesa Irak para cumplir con la ansiada reconciliación política, que se ve obstaculizada por el sectarismo y el "traumatismo" creado por las casi cuatro décadas del régimen de Sadam Hussein.