Nadie se explica cómo una persona preparada e intelectualmente solvente se ha convertido en una caricatura de Ana Obregón. Lo decimos por aquello del mote con que se conoce a la actriz, Antoñita la Fantástica, y que ahora también se aplica al actual alcalde. De su paso por el puerto de Vigo solo quedan faraónicos proyectos absolutamente irrealizables. Y ahora en la Alcaldía vende humo en millonarias campañas publicitarias. Que don Abel es muy listo, nadie lo duda, pero el señor Caballero debería darse cuenta que los ciudadanos no somos imbéciles, aunque a veces lo parezcamos. Los empresarios han sido los primeros en contarle al Alcalde las verdades del barquero, y las asociaciones de vecinos han ido detrás. Don Abel le va a costar un disgusto al PSOE vigués en las próximas Generales. Al tiempo.