La pasividad a la hora de afrontar los problemas de seguridad que se han dado en la provincia le pueden costar el cargo al subdelegado Delfín Alvarez. Parece que en lugar de sangre tuviera horchata y que fía a la suerte lo que debiera encomendar a la previsión. Lo acontecido ayer en Poio es el último ejemplo. Al alcalde le destrozaron el coche y el regidor se salvó tras encerrarse en el concello y esperar la llegada de las fuerzas de seguridad, que lo escoltarton en su salida de la casa consistorial.