La presidenta del Parlamento, Dolores Villarino, está que se sale en su papel de sargento chusquero. Y es que se le han subido los galones a la cabeza. La última ocurrencia, impedir que nadie entre en el hemiciclo durante las intervenciones del presidente Touriño. Ni siquiera el bedel con el vaso de agua. No vaya a ser que el jefe se despiste y se vaya por los cerros de Ubeda, provincia de Jaén. En fin, ya saben, más papista que el papa. Una pena.