Parece una condena al ostracismo pero así se las gasta el presidente Touriño. TP pasa del buen rollito institucional y al enemigo ni agua. Y por eso el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, lleva ya casi tres años esperando a que lo reciba. Don Emilio es un ejemplo más del cambio que experimentan las personas cuando asumen el cetro y la corona. Una pena pero ellos se lo pierden. Al final pueden conseguir que se les tema pero nunca que se les quiera y se les respete.