Internacional
06-05-2008
Las víctimas del caso de secuestro e incesto de Amstetten progresan en su readaptación a una vida "normal", pero los médicos que se ocupan desde hace diez días de la austríaca Elisabeth Fritzl y sus hijos confesaron este martes su temor a que las secuelas de su calvario sean perennes. "El aire fresco, la luz del día y una dieta equilibrada les están ayudando", señaló Berthold Kepplinger, jefe del equipo de los 15 psicólogos que se ocupan de Elisabeth, de 42 años, sus cinco hijos de entre 5 y 18 años, y su madre, Rosemarie, de 69 años.
El 27 de abril, Elisabeth abandonó por primera vez en 24 años el sótano de 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura, sin ventanas, en el que vivió encerrada desde los 18 años sufriendo las violaciones de su padre, Josef Fritzl, de las que nacieron siete hijos.
La hospitalización de la mayor, de 19 años, en estado crítico a mediados de abril, sirvió como detonante para sacar el caso a la luz hace diez días.
Tanto la hospitalizada como dos de sus hermanos, de 18 y 5 años, vivían recluidos con la madre y nunca vieron la luz del sol.
Los otros tres niños -dos niñas y un niño de 12, 14 y 15 años- fueron sacados del sótano cuando tenían pocos meses por el propio Fritzl, que los adoptó oficialmente junto con su esposa en calidad de "abuelos".
El sospechoso hizo creer que su hija -de la que dijo que había huido de casa para meterse en una secta- los había abandonado a la puerta de su casa.
El estado de salud de la hija mayor, que sigue en coma artificial, evoluciona muy lentamente y los médicos aún no pudieron diagnosticar su enfermedad. Por el contrario, los otros miembros "van bastante bien, dadas las circunstancias", señaló Kepplinger. El más pequeño "es el más encantador, simpático y sociable; cada vez es más vivaz", añadió.
La madre y la abuela preparan los desayunos y las cenas para la familia en el pabellón que comparten, aislados del mundo y de los medios de comunicación, que se agolpan a las puertas del hospital de Amstetten.
Físicamente se están adaptando progresivamente a la luz natural y están aprendiendo a moverse en un espacio "normal". "Sin embargo, su situación es muy difícil y extrema", añadió Kepplinger en referencia a la terapia psíquica.
El doctor no pudo decir si los niños crecidos en cautividad saben leer y escribir porque en su mazmorra sólo tenían una televisión. Los otros tres hijos adoptados por el "padre-abuelo" iban al colegio normalmente.
Para Elisabeth, "sus hijos fruto del incesto eran esenciales para sobrevivir", afirmó por su parte el doctor Paulus Hochgaterrer, coordinador del tratamiento de las víctimas de Amstetten.
La psiquiatra Brigitte Lueger-Schuster, especialista en situaciones de postconflicto, consideró que la familia vive ahora "una especie de luna de miel" por haberse vuelto a reunir pero que tomará conciencia de su situación "poco a poco".
De todas formas, superar lo pasado será tan difícil para la madre y los hijos encerrados como para los otros tres adoptados por el matrimonio Fritzl, para quienes "el abuelo tenía el papel de protector hasta hace diez días, cuando la policía lo arrestó revelando sus crímenes" contra su propia familia, concluyó el doctor Hochgatterer.
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