Internacional
Asegura que siempre tuvo conciencia de que lo que hacía "estaba mal"
08-05-2008
El austriaco Josef Fritzl ha dicho que se volvió adicto al incesto con su hija, con quien tuvo siete hijos, y que la encerró en un sótano para salvarla del mundo exterior. En unas declaraciones relatadas por su abogado al semanario News, Fritzl, quien encerró a Elisabeth en 1984 cuando tenía 18 años, dijo que comenzó a violar a su hija un año después.
"Mi instinto por tener sexo con Elisabeth se volvió cada vez más fuerte", dijo, según fue citado. "Sabía que Elisabeth no quería que hiciera lo que le hice. Sabía que la estaba lastimando (...) Era como una adicción (...) En realidad, quería hijos con ella", agregó.
Elisabeth, de 42 años, pasó casi un cuarto de siglo en un sótano sin ventanas de la casa de Fritzl, dando a luz a siete hijos, uno de los cuales murió al poco de nacer y el resto tienen ahora entre cinco y 19 años.
Tres de ellos permanecieron encerrados con su madre en el sótano y nunca vieron la luz del sol hasta que se conoció su historia hace unas dos semanas. Elisabeth dijo a la policía que Josef comenzó a abusar sexualmente de ella cuando tenía 11 años.
Fritzl, quien también tiene siete hijos con su esposa, Rosemarie, dijo que encerró a Elisabeth después de que comenzara a "romper todas las reglas" al inicio de la pubertad. Elisabeth iba a bares, bebía alcohol y fumaba, y se escapó un par de veces, añadió el hombre de 73 años.
"Intenté sacarla de ese lodazal, le organicé un aprendizaje para que se convirtiera en camarera", detalló. "Necesitaba tomar precauciones, necesitaba crear un lugar en el que pudiera en algún punto mantenerla alejada del mundo exterior, por la fuerza en caso de ser necesario", agregó.
"Sabía que estaba mal"
Fritzl agregó que se encontró a sí mismo atrapado en un ciclo ineludible una vez que encerró a Elisabeth. Le dijo a su esposa que su hija se había unido a una secta.
"Supe todo el tiempo, durante los 24 años, que lo que hacía no estaba bien, que debía estar loco para hacer algo así", dijo, refiriéndose al mundo subterráneo de Elisabeth como su "imperio". "Pero no obstante, se convirtió para mí en una rutina el llevar adelante una segunda vida en el sótano de mi casa", agregó.
Su abogado, Rudolf Mayer, sostuvo que su cliente debería ser sometido a pruebas psiquiátricas para evaluar si es apto para un juicio. Mayer dijo que podría pedir una segunda evaluación en caso de que la opinión oficial del tribunal no refleje la personalidad de su cliente.
Fritzl se describió como un hombre que valora la decencia y las buenas maneras, y dijo que el énfasis en la disciplina de la época nazi, cuando creció, podría haberle influido.
Regalaba flores a su hija
"A pesar de todo, no soy la bestia que han dicho los medios. Cuando iba al búnker, llevaba flores para mi hija, y libros y juguetes para los niños, y veía vídeos de aventuras con ellos mientras Elisabeth cocinaba nuestro plato favorito", explicó. "Y entonces todos nos sentábamos a la mesa y cenábamos juntos".
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