El Confidencial
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José Manuel López García
Sociedad

Galeano distingue entre injusticia y fatalidad en su último libro "Espejos. Una historia casi universal"

12-05-2008

Ya de pequeñito, cuando a Eduardo Hughes, que más tarde se decantaría por el apellido materno, Galeano, le decían que Núñez de Balboa había sido el primero en ver los dos océanos desde la cumbre de Panamá, él se preguntaba si los que allí vivían eran ciegos. De éstas y otras preguntas nace su último libro 'Espejos. Una historia casi universal', del que este lunes hablará en el Auditorio de Galicia en Santiago y del que el martes firmará ejemplares en la librería Follas Novas de la capital gallega a partir del mediodía. Por la tarde, volverá a presentar el libro en Ourense, y el miércoles estará también en la librería Torga de la ciudad de las Burgas. Desde su experiencia vital, Galeano ofrece un consejo: distinguir los dolores inevitables de los evitables y luchar contra los últimos. "No se nace para sufrir, aunque el poder trabaje para convencernos de que las injusticias de la historia son fatalidades del destino", recuerda. De los republicanos españoles exiliados, con los que se formó en los cafés de Montevideo, aprendió una "lección de dignidad" y a escuchar "la voz de los vencidos". "Culto es el que es capaz de escuchar al otro, no el que acumula conocimientos", añade. Allí conoció también el significado de la palabra "internacionalismo", partido en el que milita y por el que escribe esta "memoria secreta de la humanidad". -¿Por qué la ha titulado 'Historia casi universal' si es más universal que muchas otras historias universales que nos quieren vender? -La verdad es que era una manera de desolemnizar el título, porque me parecía muy pedante poner 'Espejos. Una historia universal'. La solemnidad me aburre en los demás y me espanta en mí mismo. El universo es inabarcable. Éste es un viaje alrededor del mundo y del tiempo a lo largo de 600 pequeñas historias desde el punto de vista de los excluidos, de los invisibles, de los vencidos. -¿Necesitamos más historias que Historia? -Sí, ésa es una técnica mía, el lenguaje de las historias breves, de los textos muy reducidos, a partir de la certeza de que mi manera de mirar el universo es por el ojo de la cerradura, desde las historias minúsculas, vislumbrar la grandeza del universo, las grandezas que el mundo esconde y que están prohibidas o mentidas por la historia oficial. Yo no soy un historiador, ni pretendo serlo. Simplemente disfruto cuando descubro voces que vale la pena escuchar, cuando puedo sentirme compatriota y contemporáneo de gentes nacidas muy lejos de mi tierra o muy lejos de mi tiempo, cuando descubro que alguien de hace 3.000 años es un hermano o una hermana mía. Eso me ayuda a vivir, a creer en la continuidad de la vida. -Estas historias pueden servir como antídoto a esas otras historias que nos han contado y que han conformado el mundo tal como es: machista, racista... ¿La literatura puede servir para cambiar el mundo? -No sé si va a cambiarlo, ojalá, pero por lo menos para ayudar un poquito a recuperarlo de las mutilaciones que sufre por parte de la cultura dominante desde hace muchísimo tiempo. Desde chiquito era muy curioso, y me preguntaba quién era Concepción Arenal, que daba el nombre a una calle muy importante de Montevideo, y nadie lo sabía. Fue una mujer admirable, gallega, que a mediados del siglo XIX asistió a la Facultad de Derecho disfrazada de hombre, porque estaba prohibido para mujeres, así como a las tertulias nocturnas de Madrid. Realizó una carrera brillantísima como criminóloga, pero siempre como una intrusa en el mundo de los machos, tanto que cuando la asociación más prestigiosa de criminología del mundo la nombra delegada de honor en España, el certificado no es a nombre de 'miss' o 'mrs' Concepción Arenal, sino a nombre de 'sir' Concepción Arenal. Creo que estas cosas es bueno saber que ocurrieron para entender que el papel que ahora empiezan a jugar las mujeres, el ascenso de los derechos femeninos al primer plano del mundo de hoy, viene de un largo camino anterior, que fue difícil. -El libro responde en cierta medida a la pregunta 'de dónde venimos', pero ¿se atrevería a indicar 'a dónde vamos'? -No, eso no. Como profeta soy un desastre. Nunca acierto en el fútbol, que es quizá lo que más me importa, siempre me equivoco. No me atrevería a decir a dónde vamos, simplemente me atrevería a desear que fuera cierto el último relato de este libro, 'Objetos perdidos', donde cuento que en mi infancia, creía que todo lo que se perdía en la tierra iba a parar a la luna. Pero lo astronautas no encontraron allí ni promesas traicionadas, esperanzas rotas, ilusiones perdidas... Entonces pensé que quizás estén en el mundo, escondidas, esperándonos. y eso es para mí una fuente de esperanza, la certeza de que la historia no termina, que la hacemos de nuevo cada día, y que podemos cambiarla. -Este año cumple los 68 años, pero sigue siendo un rebelde. Hay quien dice que la rebeldía es un estado de juventud. ¿Contra qué ha tenido que luchar para conservar este espíritu? -Pues no tengo la menor idea. Es cierto que tengo 67 años y que lo recuerdo cuando veo mis documentos, porque si no, me olvido de que los tengo, a pesar de que he pasado por varias pruebas difíciles a lo largo de la vida, pero siento que soy capaz de nacer de nuevo cada día. Sigo creyendo que el mejor de mis días es el que todavía no viví. -¿Quién le ha hecho más daño a la humanidad: las religiones, los Reyes Católicos, Bush,...? -Es muy difícil, ese concurso tendría numerosos candidatos. Pero acabamos de hablar de la tradición machista, que es una tradición que todavía nos pesa en la espalda, y en tu pregunta incluías las religiones, que no siempre han funcionado como maldiciones a lo largo de la historia de la humanidad. Es verdad que las religiones, por lo menos las tres dominantes en el mundo de hoy, que comparten el mismo dios, que se llama Yahvé, Alá, o Dios a secas, han tratado muy mal a las mujeres. Pero no sólo las religiones han practicado el machismo. La Revolución Francesa decapitó a las mujeres que pidieron una declaración de los derechos de la mujer, las mandaron a la guillotina los revolucionarios, los enemigos del poder clerical, de las tradiciones. -Hace ya más de 30 años que publicó 'Las venas abiertas de América Latina', ¿en qué momento se encuentra hoy? ¿Qué perspectivas tiene? -Yo creo que vive una etapa muy interesante de florecimiento de energías de cambio, de voluntad de creación de diferentes países y de diferentes maneras. Es un proceso que empieza ahora y que se enlaza con otras etapas de la historia latinoamericana, pero hay que darle tiempo. Vamos a ver qué pasa en cada lugar. Lo importante es lo que expresa, y expresa una voluntad de cambio, y me parece sagrada y digna de respeto. Me espanto cuando veo que algunos medios europeos y españoles maltratan esos procesos que están dando sus primeros pasos a partir de un ejercicio elitista, racista, una especie de nostalgia colonial que hace que los países del norte se sientan con derecho a tomar examen a los países del sur, y se sientan con derecho a decidir cuáles son democráticos y cuáles no, cuáles van por el buen camino y cuáles no. El buen camino que los países del norte han obligado a recorrer a los países del sur ha conducido a una catástrofe. Una de las instituciones que más ha hecho por la desgracia colectiva por el sur del mundo, que es el Banco Mundial, publicó ahora a finales de 2007 un informe donde sus expertos reconocen que se habían equivocado en los cálculos. Ahora los técnicos reconocen en ese informe que cometieron algunos errocitos, y que la cantidad de indigentes son en realidad 500 millones de veces más que lo que los informes decían que había. ¡Caramba con el errorcito! Eso significa que la voluntad de cambio que está dinamizando el continente latinoamericano no es casual, surge como respuesta al fracaso de las políticas impuestas por los países del norte. -Hay quien quiere hacer olvidar de dónde procede la pobreza... -Sí, y la pobreza procede de la riqueza. No hay ninguna riqueza que no proceda de una pobreza, ni ninguna libertad que no se alimente de la prisión de otros. Retos ecológicos y 'minorías' La destrucción del planeta y la represión a los pueblos indígenas o a la mujer son algunos de los temas recurrentes en 'Espejos'. En cuanto a la responsabilidad de la catástrofe ecológica, Galeano hace suya una frase de Concepción Arenal, "quien generaliza, absuelve", y cree que la culpa recae "sobre las empresas y países más potentes", que son los que "más envenan el planeta". "No le echaría la culpa a las víctimas, sino a los verdugos". Galeano se refirió también al ascenso al poder de la mujer y de los indígenas en Latinoamérica. "No son minorías, y que Chile y Argentina tengan presidentas debería ser la cosa más normal del mundo". Recordó que países como Bolivia, Ecuador y Guatemala son de población indígena mayoritaira, pero que existe una "sociedad racista" que "desprecia" a una mayoría que considera amenaza, y señaló el caso de Santa Cuz. En este sentido, destacó la nueva constitución de Ecuador, que reconoce las culturas indígenas como "vivas y fecundas" y que por primera vez reconoce a la naturaleza como "sujeto de derecho, cuando hasta ahora sólo fue objeto de propiedad".





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