Sociedad
15-05-2008
Los Mossos d'Esquadra han detenido a un ex empleado de un cementerio de Barcelona por profanar presuntamente un nicho y robar un anillo de oro del difunto. El hombre confesó haber robado la joya el 25 de abril para revenderla y conseguir dinero para drogarse.
Según explicaron fuentes policiales, José Manuel E.C., de 24 años, nacionalidad española y vecino de Barcelona, estaba contratado por una empresa de trabajo temporal para trabajar para Cementiris de Barcelona en el cementerio de Sant Andreu. El 30 de abril se le acababa el contrato, pero entre el 25 y el 27 cogió unos días de fiesta y del 28 al 30 estuvo de baja. Aunque no había tenido ningún problema con la empresa, no le renovaron el contrato.
El detenido explicó a la Policía que él y un compañero habían sido los últimos en ver el cadáver de Francisco M.A., un patriarca gitano de 80 años fallecido a finales de marzo, justo antes de ser encerrado en el féretro.
Para comprar heroína
Cuando el empleado necesitó dinero para comprar heroína, recordó el anillo que llevaba uno de los muertos que él enterró hacía unas semanas. Por ello, explicó que sobre las 23 horas del 25 de abril, escaló la tapia del cementerio de Sant Andreu, utilizó una llave maestra que todavía conservaba para acceder al vestuario de los empleados, cogió el material necesario y se dirigió al nicho de Francisco M.A.
El hombre quitó la lápida y la losa de cemento que cerraban el nicho, abrió la caja y le quitó el anillo del dedo, valorado en unos 5.000 euros. Posteriormente fue a una tienda de compra y venta de joyas de la Rambla de Barcelona, donde le dieron 41 euros por la pieza.
Esto indica, según explicó el instructor de la investigación de los Mossos de Nou Barris que el joven no es un experto en el robo de joyas, y que la sustracción fue un "hecho aislado", ya que además no tiene antecedentes similares. No obstante, el joven habría vendido otros objetos de valor en tiendas similares.
Manchas de yeso crearon la sospecha
Dos días después del robo, el 27 de abril, justo un mes después de que Francisco M.A. falleciera, la viuda y los hijos del difunto fueron a visitar la tumba como hacían cada domingo. Al llegar, encontraron yeso en el suelo, pero en un principio no le dieron mayor importancia.
Sin embargo, el hijo mayor del fallecido, Rafael M., explicó que al acercarse, vieron "manchas de yeso desde el suelo hasta el nicho" y que cuando subió a una escalera para colocar dos fotografías en la lápida, situada a tres metros de altura, descubrió que las tiras laterales de mármol estaban rotas y que la pared de tochos que cierra la sepultura se aguantaban "sólo por una espátula de madera". Del interior del nicho "salía un olor impactante", agregó.
El hombre avisó a uno de los empleados, quien confirmó que tanto la lápida como la pared de ladrillos estaban encajadas y no fijadas, pese a que el día del entierro la sepultura se selló con cemento. Tras pedir explicaciones a los responsables del cementerio y sólo recibir "excusas increíbles" por teléfono por parte del director del cementerio, la familia del fallecido denunció los hechos ante los Mossos d'Esquadra.
Para esta familia gitana y evangelista es muy importante la preparación del féretro del difunto, a quien entierran con sus objetos de valor, en este caso, además del anillo, dos relojes de oro y uno de acero, valorados en unos 36.000 euros, según dijo el hijo mayor de Francisco M.A. No obstante, estos relojes no se han encontrado y el detenido niega haberlos robado, por lo que todavía no está demostrado que el cadáver los llevara encima.
Cuando Rafael M. se asomó al nicho y vio a su padre en el ataúd, pudo reconocer en seguida que había sido movido. "Tenía la postura cambiada y la camisa por fuera y con manchas de yeso", señaló.
La viuda y los hijos de Francisco M.A. sospechaban de los empleados porque aseguran que éstos sabían que el hombre fue enterrado con objetos de gran valor, y el nicho se encuentra a tres metros de altura, por lo que es necesario utilizar alguna de las carretillas que utilizan los trabajadores. Además, la lápida y el muro de tochos fueron encajados en el hueco y eso, a su entender, descarta que la profanación de la sepultura fuera fruto de una gamberrada.
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