La Consellería de Cultura ha desestimado las 40 alegaciones presentadas contra el procedimiento abierto para declarar Ben de Interese Cultural (BIC) al Pazo de Meirás, una construcción de finales del XIX situada en el concello coruñés de Sada y propiedad de la Familia Franco.
Después de que el departamento que dirige la nacionalista Ánxela Bugallo firmase en agosto la resolución para iniciar el procedimiento de protección del monumento, la propuesta cuenta ahora con la aprobación de los tres órganos consultivos, esto es, la Universidade de Santiago, el Consello da Cultura Galega y la Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora del Rosario.
El decreto podría ser aprobado por el Consello da Xunta a finales de este año o en las primeras semanas del próximo.
Según informó la consellería en un comunicado, el director xeral de Patrimonio Cultural, Felipe Arias, firmó las respuestas a las 40 alegaciones presentadas, siendo todas ellas desestimadas. Estos alegatos fueron presentados por la propia propietaria del pazo, Carmen Franco, y por los vecinos afectados por el "contorno de protección estipulado" para este bien. En este momento, los servicios técnicos han iniciado el proceso para remitir las respuestas a los alegantes.
En concreto, la demanda presentada por Carmen Franco cuestiona la relevancia de las Torres de Meirás en relación con otros pazos, según explica Cultura, que rechazó esta reclamación señalando que el edificio constituye "unha das edificacións máis singulares entre toda a arquitectura civil de Galicia no século XIX". La Xunta señala que son "moi escasas as edificiacións civís de estilo neomedieval", como es el caso de la construcción de Sada. En su respuesta, el departamento de Patrimonio también incide en que el pazo señorial tiene "unha importancia como lugar de memoria", al haber sido propiedad de la condesa de Pardo Bazán.
Último paso
Una vez cubiertos estos trámites, el procedimiento para otorgar al pazo el máximo grado de protección patrimonial afrenta ya su recta final. El último paso será la aprobación por el Consello da Xunta del decreto que dará a las Torres de Meirás la declaración de BIC con categoría de monumento histórico. Las respuestas a las alegaciones no estiman como "procedentes" los argumentos que cuestionan el entorno de protección fijado para el bien. Este espacio incluye la zona exterior que forma parte del campo visual del pazo y que preserva la "peculiaridade" del paisaje que que lo rodea más allá de la finca amurallada.
Las respuestas justifican la "importancia do contorno" para la protección de la edificación, por su situación "privilexiada" en un frondoso parque y por su cercanía a la costa, "dominando amplas vistas sobre unha extensa zona" de las Mariñas. Así, el espacio de protección llega por el Norte y el Este hasta una barrera vegetal que rodea el pazo en ambas direcciones, y es más amplio por el sur y el oeste, por donde se encuentran las principales visitas para la observación de la construcción.
Proceso
El pasado 1 de agosto se incoó el expediente de declaración de BIC, basándose en que "destaca tanto pola súa singularidade como pola significación cultural e simbólica que adquririu co paso do tempo". En la decisión se tuvo en cuenta su valor histórico "motivado primeiramente como soar dun antigo pazo, representativo da fidalguía galega", además de por la relación de la nueva construcción con la escritoria Emilia Pardo Bazán.
La declaración de Ben de Interese Cultural implica que el edificio debe abrirse al público cuatro días al mes; que cualquier intervención en él necesitará una autorización previa por parte de Patrimonio; y obliga a sus propietarios a cuidar y preservar el inmueble. El proceso fue iniciado con la solicitud del Concello de Sada a la Consellaría de Cultura, por acuerdo plenario del 9 de agosto de 2007.
Existen documentos que acreditan la existencia de una edificación palaciega, incendiada en 1809 por los invasores franceses, tras lo que el abuelo de Pardo Bazán reconstruyó el edificio en 1893, pasando a ser conocido como Granxa de Meirás. Posteriormente, se le añadirían dos torres. Con la muerte de la escritora en 1921, sus herederos se hicieron cargo del pazo. Tras la Guerra Civil, la familia Franco se haría con la propiedad del inmueble, adquiriendo además las propiedades colindantes.