Ni la llegada de inmigrantes ni el repunte demográfico de los últimos años consiguen sacar a Galicia de la UVI del envejecimiento. Los abuelos siguen ganándole espacio a los nietos, lo que ya empieza a tener consecuencias preocupantes para el futuro económico y social de la comunidad. Y lo que se avecina puede ser, si nada ni nadie lo remedia, todavía peor.
Los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) y de la Fundación BBVA sitúan el índice de envejecimiento en Galicia en un altísimo 21,6%, o lo que es lo mismo, más de la quinta parte de la población gallega supera los 65 años y ya ha sobrepasado su teórica edad de jubilación.
Este indicador se mantiene en España en un 16,7%, casi cinco puntos por debajo. Pero los tintes dramáticos llegan al analizar la situación de las zonas interiores y rurales de la comunidad gallega.
De esta forma, se ha llegado a que el 91% de los municipios tiene más abuelos que nietos, es decir, que los mayores de 65 años superan a los menores de 20. De estos 29 singulares municipios, sólo encontramos uno en Lugo (Burela) y dos en Ourense (O Barco y Barbadás).
Y es que la senectud avanza a pasos agigantados en Lugo y en Ourense, y bastante más despacio en las provincias atlánticas. En total, 129 municipios gallegos duplican la media española de envejecimiento. Y de esos 129 ayuntamientos, Ourense (71) y Lugo (43) concentran la práctica totalidad, mientras que en Pontevedra apenas hay seis. El problema no afecta a municipios concreto, sino a comarcas enteras.
MÁS MUJERES
El análisis pormenorizado de los datos incrementa la dimensión del drama poblacional de Galicia. Por ejemplo, demuestra que el envejecimiento es todavía mayor en las mujeres, toda vez que la cuarta parte de las gallegas ya superan la barrera de los 65 años.
Esta cifra explica, en parte, la regresión vegetativa que está sufriendo la comunidad en las últimas décadas. Galicia sigue sumando abuelas, mientras sus nietas retrasan cada vez más la edad para tener hijos.
El estudio de la fundación BBVA hace especial hincapié en las provincias de Lugo y Ourense, al ser las que están sufriendo esta doble característica: envejecimiento y despoblación. En el caso de Lugo, este organismo admite que "la pérdida de población joven ha sido drástica", mientras que el peso de la población en edad de jubilación se ha multiplicado por cuatro desde 1900.
Pero no sucede lo mismo en toda la provincia. De los siete concellos más rejuvenecidos, seis se sitúan en A Mariña (Burela, Cervo, Foz, Viveiro, Xove y Ribadeo), y el que falta es la capital provincial. En el lado opuesto, municipios como Ourol, Sober, Navia de Suarna o Pantón están en el otro extremo: casi la mitad de su población rebasa los 65 años.
En comparación, la situación de la provincia de Ourense es aún más alarmante. Figura entre las zonas más envejecidas de Europa por dos factores, "el éxodo de la población a regiones más ricas y la baja natalidad", detalla el estudio de BBVA.
Tres ayuntamientos ourensanos (San Xoán de Río, Calvos de Randín y A Teixeira) tienen a más de la mitad de su población en edad de jubilación. Y este último tiene un índice de envejecimiento del 1.064%, o lo que es lo mismo, tiene más de diez abuelos por cada nieto. En otros, esta cifra se reduce a siete u ocho.
MENOS GRAVE
En Coruña y Pontevedra el impulso de las ciudades del Eje Atlántico y de las zonas costeras ha conseguido aliviar relativamente las maltrechas pirámides de población de Galicia.
En Pontevedra, la provincia menos envejecida de toda la comunidad, los municipios del área de Vigo y de la capital provincial tienen porcentajes de población de más de 65 años inferiores al 15%, por debajo de la media española, mientras que los ayuntamientos del interior —como Cerdedo, Forcarei o Covelo— han provocado también un envejecimiento "significativo".
Algo similar sucede en A Coruña, donde se ha "intensificado" la concentración de habitantes en pocos concellos, especialmente las ciudades y cabeceras de comarca. En todo caso, la falta de un 'boom' de nacimientos en Galicia y el aumento de la esperanza de vida dibujan un panorama con cada vez más abuelos, pero sin nietos.