El 1-M ha arrojado un resultado de castigo al bipartito, otorgando al PP una mayoría absoluta. En este contexto, tras cuatro años de Gobierno, socialistas y nacionalistas analizan las causas que han derivado en el fracaso en las urnas. La coalición, a ojos de algunos, pudo ocasionar descontento y derivar en la pérdida del Gobierno.
Fue, incluso, uno de los ingredientes que alegó el ahora presidente en funciones, Emilio Pérez Touriño, que al anunciar su dimisión el día después de los comicios, señaló como causa "o que podemos chamar a división do goberno, a bigobernación". Pese a este planteamiento, a día de hoy, desde PSdeG y BNG descartan que se haya dado un voto contrario a las alianzas de Gobierno, aunque existen matices entre unos y otros. Y en todo caso, existe un elemento clave, y es que tras la sucesión de mayorías absolutas del PP durante 16 años, existe una escasa cultura de coalición en la comunidad.
Fuentes del BNG han asegurado a AGN que no se vincula la derrota en las urnas del pasado 1 de marzo con el funcionamiento de la coalición. De hecho, aportan una "valoración positiva" de este ejecutivo gallego ahora en funciones. Además, la política municipal tiene "os seus propios ritmos e contidos, diferentes da política nacional", según el BNG, de ahí que no vean razón para "someter a cuestión os acordos co PSOE en ningún ámbito de representación". Hacerlo, afirman, sería algo así como "reproducir o argumentario do PP".
La perspectiva del PSdeG es más de lo mismo, aunque con matices. A ojos de los socialistas, la ciudadanía no ha visto los pactos como algo negativo. La única pega que sí entienden que se ha puesto en cuestión son "determinadas escenificaciones y comportamientos" de las fuerzas que integran la coalición. Éstas puestas en escena que pueden perjudicar se producen, según afirman los socialistas, cuando se "tiende a singularizar" y a aportar "comportamientos estancos" de los gobiernos.
La clave no está pues en el fondo, a ojos del PSdeG, sino "en alguna forma". Precisamente conscientes de ello, o temerosos de que pueda pasar factura en otras citas electorales, desde las filas socialistas se hará llegar, con toda probabilidad, una "recomendación", y es que estos pactos funcionen "con cohesión" y con mayor "respeto a lo que los ciudadanos decidieron en las urnas". Además, no descartan que a un plazo medio, ambos partidos mantengan una reunión o hablen sobre esta cuestiones, a modo de análisis político.
ESCENARIO A TRES
Ahora, mientras el BNG afronta un proceso de reflexión, que llegará el próximo día 14 a un Consello Nacional que promete clarificar el futuro de esta organización política, el PSdeG afronta un proceso de cambio. Ya ha puesto fecha para un congreso, el 25 de abril, del que saldrá una nueva ejecutiva y un nuevo secretario general.
En esta época de cambios internos en sendas organizaciones políticas, y al tiempo que los populares piden celeridad para colocarse al frente del Gobierno, existe un factor que no ha sufrido una modificación en los últimos comicios.
Si el panorama político estatal apunta, si cabe, cada vez más al bipartidismo, en el plano autonómico existe un tripartidismo claro, máxime teniendo en cuenta que es una de las comunidad en las que está más elevado el porcentaje mínimo de votos (5%, frente al 3% que se establece en buena parte de los territorios de España) para obtener un escaño.
En todo caso, ni los últimos, ni anteriores comicios gallegos han dado oportunidad de entrar a nuevas fuerzas políticas, que tampoco tendrían posibilidades si el porcentaje fuese inferior. De hecho, la cuarta fuerza política gallega obtuvo algo más de 20.000 votos el 1-M, muy alejada de los exigibles para disponer de representación parlamentaria. En este contexto, no existen grandes posibilidades de alianzas entre fuerzas políticas.
COALICIONES MUNICIPALES
A día de hoy, son casi 100 los concellos en los que BNG y PSdeG han hecho caso al 'acordo marco' negociado tras las elecciones municipales de 2007, que permiten gobiernos en coalición de sendas fuerzas. La mayoría de éstos (70) tienen alcalde socialista, frente a los aproximadamente 25 en los que el regidor es nacionalista. De este modo, el PSdeG pudo gobernar tras esos comicios en 199 municipios y el BNG en 33.