Los forenses y peritos policiales que declararon en el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Pontevedra
contra José Ramón Rey, Juan José Bértolo y Carlos Montonto, los tres acusados de
la muerte de dos arousanos en Dornelas (Silleda) durante un presunto ajuste de
cuentas, confirmaron que las víctimas fallecieron en el acto fruto de los
disparos que recibieron y que todos los procesados tenían restos de pólvora en
sus manos.
Durante la segunda jornada del juicio que se celebra en la Sección Segunda de
la Audiencia Provincial de Pontevedra, los forenses que practicaron la autopsia
a Santiago Mondragón y a Víctor Manuel González, aseguraron que ambos
fallecieron entre las seis de la tarde y las nueve de la noche, debido el
primero a los cinco disparos que recibió, uno de ellos en la cabeza, y el
segundo a los dos que presentaba en su cuerpo, todos ellos realizados a menos de
un metro de distancia.
Además, ambos expertos indicaron que las víctimas no presentaban heridas
defensivas en su cuerpo, por lo que debido a su corpulencia, corrobora la
versión de la Fiscalía de que los tirotearon por la espalda, así como que
posteriormente arrastraron sus cuerpos, ya que sí tenían diferentes heridas y
rasguños por este particular.
A pesar de esta conclusión, ninguno de los peritos pudo indicar cual de los
tres acusados fue el responsable material de los disparos que acabaron con la
vida de las dos víctimas y matizaron que ni siquiera la presencia de la pólvora
en las manos de todos ellos sea indicativo de que participaron en el crimen, ya
que “podrían haberse contaminado en un apretón de manos con el autor en algún
otro lugar”.
DECLARACIÓN DE UNA DE LAS VIUDAS
Con las declaraciones de los peritos concluyó una jornada matinal que
arrancaba con la declaración de ocho testigos, entre los que destacó la
presencia de la viuda de Santiago Mondragón, que aseguró que su marido era amigo
de Víctor Manuel González y que éste a diferencia de su pareja sí tenía
antecedentes relacionados con las drogas.
La mujer dijo además que uno los acusados, Juan José Bértolo, tenía una
fluida relación comercial con Víctor Manuel González a quien le había comprado
una serie de coches para su posterior venta, fruto de lo cual Bértolo tenía una
importante deuda económica con él, y que la última vez que habló con marido,
éste había acompañado a Víctor a arreglar un quad de su propiedad, “y cuando le
llamé a las ocho de la tarde ya no contestó al teléfono”.
Además, también pasaron por el estrado un vecino del lugar en donde
aparecieron los cadáveres que aseguró haber escuchado disparos en torno a las
seis de la tarde, un comercial de recambios para automóvil que indicó que el día
de los crímenes Juan José Bértolo estaba “eufórico” y varios trabajadores del
taller mecánico en donde apareció al arma homicida que confirmaron las
relaciones comerciales entre los acusados y las víctimas.
Tras la declaración de varios testigos más y de un par de peritos, esta tarde
llegarán las conclusiones de ambas partes, tras lo cual el jurado se retirará a
deliberar el veredicto.