Una nueva protesta de uigures, que se enfrentaron violentamente con la policía china, estalló hoy en la ciudad de Urumqi, capital de la región autónoma de Xinjiang (noroeste), dos días después de los sangrientos incidentes que causaron 156 muertos y más de mil heridos.
El grupo de 300 manifestantes, muchos de ellos mujeres, rodeó a unos 60 periodistas extranjeros autorizados por Pekín a viajar a la zona a cubrir las protestas, gritando eslóganes y "creando un caos", aseguró un portavoz del gobierno regional.
Otras mil personas presenciaban la escena, según las informaciones.
La protesta se produjo en un barrio de población mayoritariamente uigur donde el Gobierno regional había preparado un encuentro entre habitantes locales y periodistas.
Según la agencia oficial Xinhua, todo comenzó cuando una mujer uigur se acercó con su hijo al grupo de reporteros, llorando e implorando la libertad de su marido, al parecer detenido tras las protestas del domingo.
Otros uigures se sumaron a la protesta y la policía intervino, añadió la información de Xinhua.
En las cercanías del aeropuerto, se pueden ver signos de violencia, como coches destrozados, y según señalaron a Efe vecinos de la zona, anoche hubo allí y en otros lugares de las afueras de la ciudad nuevos episodios de tensión entre uigures y policía.
"La cifra de muertos es muy superior a la que dicen", señaló un taxista en el camino del aeropuerto a la ciudad. El Gobierno chino acusa a grupos independentistas en el exilio como el Congreso Mundial Uigur de la violencia étnica, aunque la líder de la organización, Rabiya Kadeer, ha negado desde EEUU esta posibilidad y acusa a la policía china de responder con excesiva violencia las protestas.
DUROS CASTIGOS
El gobierno comunista de la región autónoma de Xinjiang calificó los violentos disturbios de los últimos días como "los peores desde la fundación de la Nueva China, en 1949" y advirtió de que habrá "duros castigos" para sus responsables.
El jefe del gobernante Partido Comunista de China en la ciudad de Urumqi, Li Zhi, acusó a los promotores de las revueltas, de etnia musulmana uigur, de "dañar los intereses fundamentales de los grupos étnicos chinos", en una información publicada por la agencia oficial Xinhua.
Li aseguró que los detenidos (1.434 según las cifras oficiales, entre ellos 55 mujeres) están acusados de agresiones, homicidios, destrucciones materiales y saqueos, aunque estimó la posibilidad de que algunos de ellos sean puestos en libertad próximamente si se demuestra su inocencia.
Efe pudo comprobar hoy que los incidentes continúan en diversas partes de la ciudad, desde el céntrico mercado de Urumqi hasta la estación de trenes o las cercanías del aeropuerto.
Un grupo de uigures, algunos de ellos armados con palos, se concentraron junto al Hotel Hoitak, donde se alojan algunos de los periodistas extranjeros, y gritaron consignas, aunque fueron dispersados por la policía.
Las protestas en el mercado de la ciudad, horas antes, fueron protagonizadas principalmente por mujeres que se enfrentaron a policías armados y reclamaron la liberación de los detenidos, aunque la situación no degeneró en violencia.
Ciudadanos de Urumqi califican la situación de "muy tensa" y resultado de muchos años de progresivo distanciamiento social entre chinos han y uigures: "Yo tenía muchos amigos uigures en el pasado, pero ya no me hablo con ellos", aseguró a Efe un habitante de la ciudad, de etnia han.
Los incidentes del domingo causaron 156 muertos y más de mil heridos, según cifras oficiales, y se originaron en una protesta pacífica en la que participaban entre 1.000 y 3.000 uigures en demanda de justicia tras un ataque a trabajadores de su etnia en una fábrica de la ciudad cantonesa de Shaoguan.