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José Manuel López García
Sociedad

ADIÓS A MICHAEL JACKSON

Un funeral negro para un Rey que quiso ser blanco

08-07-2009 13:07:51

Cristina de la Peña

 Respeto y admiración fueron las notas destacadas en el memorial que ayer recordó a Michael Jackson en el Staples Center de Los Ángeles. Su gran amiga Liz Taylor había anunciado previamente que no asistiría a lo que calificó de "circo", y eso era lo que muchos nos temíamos, que la celebración se convirtiera en un show infumable, con exceso de luces y sonido y fans enfervorecidos gritando desde las gradas. Pero, afortunadamente, eso no ocurrió. Jackson tuvo una ceremonia pública a la altura de las circunstancias, sobria, respetuosa, solemne, en la que se destacó más el aspecto humano del cantante que el profesional.

El pabellón de los Lakers más parecía una iglesia que un recinto deportivo, sensación a la que contribuyó la baja intensidad de las luces y las proyecciones de cristaleras de iglesias y canciones gospel que se escucharon al principio de la ceremonia.

Poco antes del inicio se supo que el cuerpo de Michael estaría presente, pero ni aún así hubo lugar para el morbo. El féretro dorado cubierto de flores fue testigo mudo pero poderoso del homenaje, porque Michael adoraba a sus fans, nunca quiso defraudarles, y esos miles de fans querían "verle" por última vez, sentir su presencia, y así fue.

Por el escenario desfilaron amigos como Brooke Shields, Kobe Bryant, Magic Johnson, Stevie Wonder, Lionel Ritchie..., y no hubo falsedad, estaban tristes, les podía el dolor por haber perdido a un amigo de verdad. Querían a Michael y se notaba, eso no se puede fingir. Y muchos de los que seguimos el funeral por la pantalla pensamos: ¿Estaba Jacko tan solo como parecía en los últimos años?, ¿Le apoyó esta gente en sus momentos más bajos?, ¿Nadie pudo ver que se hundía en el infierno de los medicamentos? Pero ahora las preguntas y las respuestas llegan tarde. Michael Jackson se ha muerto.

La ceremonia tuvo también un marcado acento racial. Poco blanco salió al escenario. Brooke Shields y John Mayer solamente. Fueron varios los que reconocieron que Jackson abrió muchas puertas, fue el primer artista negro que tuvo fama planetaria. Sus rasgos raciales (los del principio) no fueron impedimento para que tuviera legiones de seguidores en Japón, Alemania, China, Suráfrica, Argentina, Australia... en cualquier parte. Dio la vuelta al mundo, se convirtió en un producto de masas, algo que hasta entonces ningún artista negro había conseguido.

Los momentos álgidos de la ceremonia llegaron con la reivindicación de la inocencia de Michael. Nadie lo citó, pero era obvio que se referían a las acusaciones (nunca demostradas) de abusos sexuales a menores. El Staples Center casi se vino abajo cuando una congresista recordó que la Constitución de Estados Unidos deja bien claro que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Se respiraba ánimo de revancha en el Staples Center, porque aquellas acusaciones fueron el principio del fin de Michael, y eso es difícil de olvidar.

Al final, y después de cantar el "We are the world", llegó lo que para muchos ha sido el momento más emotivo, las palabras de su hija Paris, que entre lágrimas dijo que había tenido "el padre más maravilloso que se puede tener". A su lado estaba Janet Jackson, con gesto de rabia contenida, apretando los labios como queriendo decir: "Y esto para los que pensaban que mi hermano maltrataba a los niños", porque hubo por ahí algún oportunista de lengua envenenada que llegó a decir que si el cantante abusó de otros niños, también podría hacerlo con sus hijos.

De momento no sabemos dónde descansarán sus restos, o si sus cenizas serán esparcidas por Neverland, pero lo que es seguro es que Michael Jackson vivirá para siempre. Es parte de la historia, una leyenda.





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