El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, anunció que convocó para el
próximo sábado a las delegaciones del mandatario depuesto de Honduras, Manuel
Zelaya, y del gobernante en ejercicio, Roberto Micheletti, con el fin de
celebrar la segunda reunión en busca de una salida a la crisis.
Arias, quien
actúa como mediador en el conflicto, declaró a periodistas que convocó a las
delegaciones de Zelaya y Micheletti para el sábado en San José, y advirtió de
que las conversaciones podrían alargarse hasta el domingo. "Si se acaba con
la agenda el sábado terminaríamos ese día, y si no, continuaríamos el domingo",
expresó el presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz 1987.
Arias
también pidió "paciencia" a la comunidad internacional para observar resultados
concretos y reiteró su deseo de que permitan a los centroamericanos resolver sus
problemas.
Esta será la segunda jornada de conversaciones con la mediación de
Arias, después de que el pasado jueves y viernes se realizara la primera con la
participación, incluso de Zelaya y Micheletti, quienes, sin embargo, no se
vieron las caras, pues se reunieron por separado con el presidente
costarricense.
En ese primer encuentro no se alcanzó ningún acuerdo más allá
del establecimiento de una agenda de conversación y la voluntad expresa de ambas
partes de continuar el diálogo.
Ambas delegaciones mantuvieron sus
posiciones: el grupo de Zelaya exige su retorno incondicional al poder, mientras
la de Micheletti afirma que están dispuestos a una solución en respeto a la
Constitución y al regreso del depuesto mandatario a Honduras, pero a los
tribunales para que enfrente varias acusaciones.
El conflicto en Honduras se
desató el pasado 28 de junio cuando el Ejército capturó y expulsó a Zelaya del
país hacia Costa Rica, luego el Congreso lo destituyó del cargo y nombró en su
lugar a Micheletti.
La comunidad internacional ha rechazado por completo lo
que considera fue un golpe de Estado contra Zelaya y ha apoyado el diálogo con
la mediación de Arias.
Este proceso de mediación ha sido criticado por el
presidente venezolano, Hugo Chávez, quien dijo que se trata de una "trampa" y
que había "nacido muerto".