La enfermera que atendió a Rayan el día de su muerte, y que por error administró
al bebé un preparado lácteo por vía venosa, debió de negarse a trabajar en la
unidad de neonatología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y a alimentar al
niño.
Esta es una de las principales conclusiones del informe que sobre la
muerte de Rayan ha realizado el Consejo General de Enfermería, que ha subrayado
además que esta enfermera carecía de la capacitación suficiente para estar en
esa unidad.
El Consejo también ha denunciado que el hospital contravino una
orden de la Comunidad de Madrid que establece que el personal de las unidades de
"atención avanzada" como la de neonatología debe tener una capacitación adecuada
para esa función.